POZA RICA, UNA MIRADA ATRÁS
Por José Luis Rodríguez Badillo – Cronista municipal
Fue inaugurado bajo un inmenso asombro por su belleza y magnitud por el entonces presidente de la República, Lic. Adolfo López Mateos en el año de 1961, está ubicado dentro del municipio de Papantla, Ver., en su tiempo fue considerada una inmensa obra de ingeniería en nuestro país por su magnitud, su construcción respondió a una imperante necesidad de comunicación expedita para el desarrollo del auge petrolero del Distrito petrolero de Poza Rica en plena expansión, el puente dio impulso a la explotación de los hidrocarburos y las comunidades en su perímetro, al tiempo en que se engalanaban con el notorio viaducto sin paralelo en cientos de kilómetros a su alrededor.
Hoy es un testigo de honor de la situación que vive la industria que lo erigió, mientras este se cae a pedazos. Cuando el Distrito Poza Rica vivía los mejores tiempos de su gran auge petrolero y la expansión en la explotación fue de grandes expectativas, motivo por el que fue inminente mejorar las vías de comunicación, con esto, el tiempo de traslado de los equipos, personal y cualquier eventual contingencia, por lo que la respuesta fue inmediata.
Para llegar a los nuevos campo en desarrollo se tenía que tomar la carretera Federal al Puerto de Veracruz y antes de llegar al Municipio de Gutiérrez Zamora, desviarse a la derecha para cursar sobre un chalán con poca capacidad el río Tecolutla, por lo que el paso era muy tardado, además que en época de crecientes con fuerte corrientes se tenía que suspender el servicio por seguridad, lo que ocasionó se pararan las operaciones de perforación en algún pozo.
Para el año de 1958, la producción en los campos de San Andrés y Remolino era del orden de 35,000 barriles por día, mientras el campo Hallazgo estaba en plena exploración, esto posesionaba al Distrito de Poza Rica como el mayor productor; pero era evidente que se tenía que terminar con ese obstáculo impredecible, para eso el Ing. Jaime J. Merino, Superintendente General había considerado como la mejor área de oportunidad para la década de los sesenta esta zona, eso lo llevó a tomar la medida de construir un megapuente que garantizara la comunicación.
El Ing. Jaime J. Merino llevó el análisis de la edificación de un puente a diferentes reuniones, resultando de todas ellas, que el orgullosamente ingeniero mexicano, Eduardo González Aguilar que se desempeñaba como jefe del Departamento de Construcción y Mantenimiento de este Distrito, se encargó de realizar el proyecto tanto arquitectónico como el analítico de la gran obra, se asignó el levantamiento topográfico para determinar los puntos factibles de ambos extremos del viaducto, localizando estos en los extremos más altos con factibilidad, lo que dio un ancho de 350 metros de largo, una vez ubicados los trincheras y tomándose como cotas obligadas, se llegó a la conclusión de realizar dos pilas centrales que serían las bases de la futura estructura de metal. Gigantesca obra diseñada bajo el principio técnico de puentes atirantados.
Al terminar el trazo de los aproches en ambos extremos, se inició otra obra básica, delinear la poligonal topográfica y nivelación del camino que uniera con Poza Rica, tarea que realizó el Ing. José León García González, “Pepe León”, quien después sacó permiso en Petróleos Mexicanos por un año, y se contrató con la compañía MORLAG, S.A., sociedad que encabezó el Ing. Alfonso Morán Lagarde, a quien se había asignado el contrato para realizar la obra civil, entre otras la cimentación y la obra mecánica para montar y afirmar la estructura.
Una vez localizados los dos puntos donde se hincaron pilotes para soportar la cimentación sobre los que se desplantó e izaron las dos monumentales columnas rectangulares, y los herrajes donde se anclaron las torres estructurales de metal, que soportarían las bandas sobre penden los gruesos cables vientos, además de los cables verticales que tensan la estructura de la zona de rodamiento y los accesorios estructurales, que son el puntal principal del extraordinario puente con articulaciones y largas trabes de diferentes secciones.
Simultáneamente se realizaba la conformación y compactación de la base, de lo que es la carretera que da acceso al puente en ambos extremos, maquinaria y equipo que sin atenuación previa irrumpió en el silencio que imperaba en aquella zona de cerros y vegetación longeva, mientras, los topógrafos determinaban con alta precisión, las coordenadas para elevar con cientos de toneladas de varillas y concreto hidráulico dos torres, columnas que empezaron a levantarse poco a poco dentro de la vertiente del río Tecolutla, tarea llena armonía entre el sonido del agua, canto de aves silvestres con el ruido del trajín laboral, en aquel lugar que no sabía de tecnología moderna.
A los pocos días de iniciada la obra, el Ing. José León García se fue comisionado al estado de Chihuahua por la compañía MORLAG, S.A., su nueva tarea fue, la construcción de los puentes del sistema ferroviario del ferrocarril de ese estado, a Guaymas, Sonora, el llamado “Chepe”, que al pasar por las Barrancas del Cobre, donde existen siete barrancas a las que se le instalaron la misma cantidad de puentes dentro de la Sierra Tarahumara, obras considerada como una verdaderas proezas de la ingeniería. Su lugar lo tomó el Ing. Mariano Salem Cárdenas. Cuando al fin con miles de toneladas de concreto se levantaron las dos columnas, se colocó el herraje para ensamblar la armazón prefabricada de acero e instalar dos torres estructurales en posición vertical para sostener la estructura metálica de forma equilibrada con los cables tensores de casi dos pulgadas de diámetro, de la misma forma en ambos aproches extremos, estos quedaron descansando sobre la cimentación de concreto amarrada con herrajes de metal, para esta actividades se tuvieron que traer tractores y grandes grúas para ayudar a las plumas y poleas que se usaron para el izamiento de las enormes piezas.
De esta forma, el paisaje de aquel lugar fue cambiando completamente su estado anterior, un enorme paraje que vivía muy lejos del perfil que iba tomando al paso de las semanas, los vecinos veían atontados que su tierra no sería la misma en cuanto las faenas edificadoras terminaran, no salían del asombro al ver como se ubicaban las enormes piezas de fierro al comparar el cuerpo de los soldadores y trabajadores con el inmenso tamaño del puente.
Uno de los ríos más violentos en épocas de lluvia, su fuerza arrastra lo que puede a su paso, el puente sobre el río Tecolutla recibe el nombre de remolino, toda vez que en esa zona, se hacen muchos remolinos en el agua, su construcción permite salvar el afluente y hacer un cruce seguro en todas las épocas del año, el proyecto atañen a la ingeniería estructural del Ing. Eduardo González Aguilar, la edificación son gracias a la disposición de los materiales, las condiciones económicas, técnica al alcance, los trabajadores con la pericia necesaria, los materiales disponibles en el medio industrial y estudios de mecánica de suelos que se hicieron previos y que dieron la factibilidad en donde apoyarlo por encima del río. También en aquella franja se desarrolló una gran cantidad de caminos petroleros como se conocen, los que llegan a los pozos y que muchos se han convertido en enlace de comunicación de zonas rurales, uno de ellos es el que lleva a los pozos “Cerro del Carbón”, que lleva hasta Papantla y comunidades de ese municipio, por donde está El Puente Remolino, que ha sido factor para el desarrollo agrícola, la ganadería, la expansión petrolera y turística.
Su edificación jugó un punto importante en el desarrollo de estos campos, de tal manera que este viaducto jugó un papel estratégico para darle fluidez y acortar la distancia entre el campo San Andrés y Poza Rica, asimismo mejorando por mucho el tiempo de recorrido con mayor eficiencia, permitió que el personal que tenía que acampar toda la semana, pudiera ir y regresar cotidianamente dejando atrás la lentitud por la ruta a Gutiérrez Zamora y entrar por el antiguo chalán de “Barriles”, también permitió mejorar los tiempos de operación y perforación de los pozos, a la par también de la magna obra, se construyó la carretera que unió a Poza Rica con “El Puente “Remolino” y de ahí a la comunidad de María Andrea.
La visión del Ing. Jaime J. Merino se justificó al momento de su inauguración, atrás quedó la débil panga que dejaba de operar por las condiciones desfavorables que marcaban condiciones de alto riesgo, lamentablemente el Superintendente, no fue quien lo puso en operación, pues fue removido y dejó el cargo al Ing. Luis Manuel Contreras Rodríguez, no pudo ver realizado el viaducto, monumental obra que fue diseñada bajo el principio técnico de puentes atirantados. Hoy en día permanece como mudo testigo del auge petrolero que vivió Poza Rica cuando fue La Capital Petrolera de México, y que sin duda alguna contribuyó al crecimiento de los poblados adyacentes a esta región.
Empero, actualmente su condición es muy deleznable, ya que el abandono e indiferencia del viaducto es total, se cae a pedazos, la corrosión le ocasiona daños irreversibles en la zona de rodamiento, la estructura se destruyó por falta de mantenimiento, su desatino es enigmático e impredecibles, pues está fuera de servicio. El legendario y monumental puente tuvo su mayor prueba de calidad constructiva en noviembre de 1999, cuando el río Tecolutla rebasó sin precedente alguno su caudal, corriente que se llevó a su paso cuanto era alcanzado por su flujo, pero el puente permaneció estoico, firme, evidenciando su total resistencia en el hormigón y bella estructura metálica que lucía sobre los 30 metros sobre el espejo del agua.
En el año de 2007, siendo gobernador de Veracruz el Sr. Fidel Herrera Beltrán, se edificó el puente de hormigón que opera desde el día 22 de noviembre de aquel año, fecha en que el gigante de acero pasó a ser parte del olvido, indiferencia e ingratitud, se esfuma noche a noche al ser vandalismo de quienes venden fierro viejo, lo desmantela ante la apatía absoluta. ¡Aunque se niega a caer!
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