Por Paulo Ruiz
Raquel Bonilla no es docente; podría ser gobernadora el día de mañana, pero maestra hoy no es.
Bien podría repetir como diputada o ser la próxima alcaldesa si quisiera, pero frente a un salón de clases tampoco ha estado. Por eso desconoce lo difícil que es ser un maestro enviado a la sierra, y tampoco sabe lo que significa concursar por una plaza o una promoción docente; para muchos maestros, la empatía es lo que cuenta.
En Veracruz, después del “Tarzan Boy”, Zenyazen Escobar, ya no sorprende nada, y parece que el mensaje de la 4T es que cualquiera puede hacerse cargo de la Secretaría de Educación. Raquel está lejos de un perfil ligado a la docencia: estudió Derecho para que su currículum en la legislatura no solo mostrara preparatoria, pues su expertise siempre fue la parte técnica como operadora de radio, un trabajo grandioso para muchos que nos declaramos amantes de los medios.
Raquel ha construido una carrera política envidiable; ya hubieran querido muchos viejos políticos priistas tener su trayectoria. Muchos de los dinosaurios tricolores hubieran querido dominar el arte del “chapulineo” entre puestos y estar pegados a la ubre del presupuesto de manera ininterrumpida.
Sabemos que Raquel asume este nuevo reto más por mérito político que por su trayectoria en la educación. Ha sido una morenista fiel, entrona y pegada a la cúpula, servicial y dispuesta a defender los intereses partidistas sin imponer ningún juicio personal; con los ojos vendados puede defender al movimiento, a su movimiento, porque es iniciadora y sigue vigente hasta ahora… de los cuales van quedando pocos.
Claudia Tello se va huyendo, y a Raquel no le están dando nada gratis, la están poniendo donde hay, como dicta la política rancia. Ahora esperemos que la pozarricense sea diferente y le calle la boca a todos, y que la SEV no sea una caja chica o un trampolín para una próxima campaña anticipada con recursos públicos. Raquel tiene la vista puesta en una silla más grande; tal vez no sepa darle resultados a la gente, pero si algo sabe hacer es política al interior de su partido, y eso la ha mantenido no viviendo en “el error”.
Y cambiando un poquito a Monterroso: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí… pegado a la urbe presupuestal.
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