Esperanza o más de lo mismo

Mientras los discursos oficiales hablan de soberanía energética y fortalecimiento de la industria nacional, la realidad en comunidades como Arroyo Florido, en el municipio de Coatzintla, y otras localidades del norte de Veracruz, es mucho más cruda; ríos contaminados, animales muertos y familias sin agua potable es lo que provoca la empresa Petróleos Mexicanos, que nos sigue matando poco a poco por la negligencia que prevalece entre sus altos directivos y el Gobierno Federal.

La fuga de petróleo lleva ocho meses sin ser contenida y ha cubierto de manchas negras y aceitosas el principal afluente de Arroyo Florido, que desemboca en el río Cazones. El daño ambiental es visible en fotografías que no necesitan más explicación, mostrando la mortandad de peces, tortugas y hasta perros, que han sido víctimas silenciosas de un derrame que parece invisible solo para quienes deberían actuar.

Y no se trata de un caso aislado. A lo largo del corredor petrolero del norte de Veracruz, la contaminación no se detiene y, lo peor, no se castiga a nadie. La Alianza Mexicana contra el Fracking acaba de documentar otro derrame, esta vez en la comunidad de Ignacio Zaragoza, en Castillo de Teayo, donde el hidrocarburo llegó peligrosamente cerca del pozo que abastece agua a la población. La lluvia solo empeoró las cosas.

En paralelo, la crisis hídrica se amplifica por la falta de suministro y distribución de agua en Poza Rica, Coatzintla y Tihuatlán, que ha quedado paralizado por la contaminación en el río Cazones, una fuente vital para miles de familias.

PEMEX, en lugar de asumir plena responsabilidad, realiza acciones de contención como si se tratara de una contingencia menor y no de un desastre ambiental crónico.

Las y los habitantes exigen la intervención de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), pero hasta ahora no hay señales claras de que el Gobierno Federal vaya a romper el pacto de impunidad con Petróleos Mexicanos.

En lugar de sanciones ejemplares o limpieza profunda, hay silencio institucional y tibieza administrativa. ¿Dónde están los diputados federales y locales del distrito? ¿Qué dicen los gobiernos municipales más allá de comunicados tibios? ¿Dónde está la acción urgente que exigen comunidades enteras que hoy no tienen agua, ni fauna, ni salud?

Veracruz no solo necesita desarrollo energético. Necesita responsabilidad, reparación y justicia ambiental. De nada sirve que PEMEX celebre productividad, mientras en los pueblos el petróleo corre por los ríos en lugar de agua y su gente solo reciba “migajas” de dicha industria, que ha dejado más daños que beneficios a todos los ciudadanos.