MORENA Y SUS ALIANZAS PERVERSAS

En política los números rara vez mienten, pero sí advierten. Y en Poza Rica, Morena tiene claro que el camino rumbo a 2027 no será sencillo. Los resultados de la última elección municipal dejaron más dudas que certezas, encendiendo focos amarillos en una región donde, hasta hace poco, el dominio guinda parecía incuestionable.

El problema no radicó necesariamente en la selección de candidaturas. En el fondo, el desgaste proviene de algo más profundo, es decir, la percepción ciudadana. Casos como el de la administración de Fernando Remes Garza, conocido como El Pulpo, han dejado una estela de cuestionamientos que inevitablemente impactan en la marca Morena.

En política, los errores locales pesan y pesan mucho. Desde la dirigencia estatal, encabezada por Esteban Ramírez Zepeta, el diagnóstico parece claro: solos no alcanzarán. De ahí el discurso y la intención de construir alianzas amplias por debajo del agua, incluso con actores que en otro momento habrían sido impensables. La meta es ambiciosa, pues ya declaró que van a ganar todos los distritos en disputa. La realidad, sin embargo, es más compleja.

Basta recordar que en varios municipios clave, donde Morena ya acumulaba dos periodos consecutivos, la permanencia estuvo en riesgo. Ese dato no es menor, refleja un desgaste natural del poder, pero también una falta de renovación política que podría cobrar factura en las urnas.

Así las cosas, una de las apuestas que más llama la atención es el posible acercamiento con el sector petrolero en Poza Rica. Un gremio históricamente influyente, con capacidad de movilización y, sobre todo, con memoria.

No es casualidad que el último alcalde priista antes de la alternancia emanara precisamente de ese grupo, que aún conserva peso político en la región. Pero aquí hay un matiz que Morena no puede ignorar: aliarse con el poder no significa controlarlo.

El sindicalismo petrolero ha demostrado en el pasado que puede inclinar la balanza electoral como le pegue su gana, en uno u otro sentido. No son pocos los episodios donde su intervención ha sido determinante, incluso para frenar aspiraciones que parecían sólidas, como ocurrió en su momento con Patricia Berlín Mendoza, o es acaso que ya se les olvidó.

Así, Morena enfrenta un dilema: sumar fuerzas sin diluir identidad, construir alianzas sin perder control y, sobre todo, recuperar la confianza ciudadana antes de que el desgaste se convierta en derrota. Porque si algo ha demostrado la política en Poza Rica, es que el poder siempre estará en juego y se refrenda. Y en 2027 esa será la verdadera prueba.