Cada vez que los gobiernos municipales liberan presupuesto para obra pública inicia un ritual ya conocido, es decir, la famosa danza de los contratos más jugosos. Los empresarios de la construcción saben cómo moverse en este juego y algunos se han convertido en verdaderos “zares” de la obra pública, no solo en la zona norte, sino a lo largo y ancho de todo el estado.
Entre los constructores circulan rumores de que los más reconocidos en la zona ya han comenzado a enviar “regalitos” a quienes deciden qué contratos se asignan en los próximos cuatro años. Dicen las malas lenguas que, en ciertos casos, esas atenciones incluyen camionetas de lujo, enviadas anticipadamente para asegurarse un lugar privilegiado en la lista de adjudicación.
Esto recuerda a un conocido empresario de la construcción que en administraciones pasadas entregaba camionetas Suburban a los alcaldes antes de la asignación de contratos, como sucedió en Coatzintla, con el fin de asegurar sus obras.
La historia se repite en distintos ámbitos, se sabe que hasta los gerentes bancarios saben cómo es el juego de los privilegios cada que inicia una nueva administración, pues también se sabe que obsequiaban vehículos lujosos a funcionarios solo para obtener el manejo de las nóminas municipales.
No cabe duda, como dice un conocido comercial, hay ciertos lujos que solo unos pocos pueden darse. Y mientras estas prácticas sigan ocurriendo a la sombra de la obra pública, la transparencia y la rendición de cuentas seguirán siendo más un discurso que una realidad tangible.
La obra pública, después de todo, debería servir a la ciudadanía, no engordar los bolsillos de quienes saben “cómo masca la iguana”. Sin duda ya se verá quienes serán los próximos constructores “favoritos” en la zona norte y usted hará su propia opinión al respecto.
