No es un secreto que algunos regidores de la actual administración municipal parecen más interesados en aparecer en eventos públicos que en cumplir con sus responsabilidades. El ejemplo más evidente es Carlos Barrios, edil de Movimiento Ciudadano, quien desde que recibió su regiduría ha demostrado que su prioridad no es la ciudad, sino su propia imagen y ambiciones políticas.
Carlos Barrios fue colocado en su cargo por las altas esferas de su partido —es decir, le regalaron la regiduría— y ahora ya se pavonea con la idea de aspirar a una diputación. Mientras tanto, la comisión que le corresponde, Drenaje y Agua Potable, la mantiene olvidada.
Fugas, alcantarillas y bocas de tormenta deterioradas son el reflejo de su desinterés. No importa recorrer las colonias, el mal estado de la infraestructura es evidente y la ciudadanía lo percibe.
Queda claro que Carlos Barrios no siente amor por la ciudad que ni siquiera ha habitado, y su interés se limita a servirse políticamente de Poza Rica.
Los baches enormes y las reparaciones a medias son prueba de que su administración no pasa de la apariencia; la acción real brilla por su ausencia. Este tipo de funcionarios no solo afecta a la ciudad, sino también al partido que lo respaldó.
Movimiento Ciudadano había ganado terreno político en la localidad, pero con tres regidores que no cumplen, y que de los tres no se hace uno, únicamente han logrado que la decepción ciudadana llegue rápido.
Apenas dos meses de administración y ya es evidente que, de esos tres, ninguno responde a las expectativas de la comunidad.
Al final, cada pueblo tiene los funcionarios que se merece. Pero cuando los cargos se “regalan” y las ambiciones personales son primero, sobre el servicio público, los costos políticos son inevitables. Para Movimiento Ciudadano la lección es clara: si no se atienden las necesidades reales de la población, la credibilidad se pierde tan rápido como se obtuvo el poder.
