HAY EDILES QUE NI PARA ADORNO SIRVEN

Siguiendo en el tema de los 100 días del inicio de la actual administración municipal en Poza Rica, comienza a perfilarse una discusión recurrente en la política local, es decir, el papel real de algunos ediles dentro del cabildo y su nivel de participación en las decisiones públicas.

Como ocurre en cada arranque de gobierno, la expectativa ciudadana se centra en ver resultados, propuestas y una participación activa de todos los integrantes del cuerpo edilicio. Sin embargo, también es común que surjan cuestionamientos sobre el desempeño de algunos regidores, cuya presencia pública y trabajo aún no se perciben con claridad.

Al respecto, se ha mencionado dentro del debate político el caso del regidor David Sidez Cupil, cuyo papel dentro del cabildo ha generado opiniones encontradas entre actores políticos y ciudadanía. Mientras algunos consideran que su actuación aún está en etapa de definición, otros señalan la falta de resultados visibles en este arranque de administración.

Y es que dicen las malas lenguas que Sidez Cupil el único mérito que le respalda es cuando le servía de alfombra a la secretaria de Educación, Claudia Tello, a quien le cargaba el maletín y el andar de lambiscón le funcionó muy bien.

Más allá de nombres propios, el fondo del debate apunta a una constante en los gobiernos municipales: la necesidad de que los regidores no se limiten a una función protocolaria, sino que asuman un rol activo en la supervisión, propuesta y seguimiento de políticas públicas.

La figura del regidor no es menor. Su responsabilidad implica representar a la ciudadanía dentro del cabildo, vigilar el uso de los recursos públicos y contribuir a la toma de decisiones que impactan directamente en la vida cotidiana de la población.

En ese sentido, la exigencia ciudadana es clara: que los ediles se pongan a trabajar en la participación efectiva y resultados medibles en cada una de las comisiones y áreas de responsabilidad.

Los próximos meses serán clave para observar si el cabildo logra consolidarse como un órgano realmente funcional y productivo, o si se repite la percepción de administraciones anteriores, donde la actuación de algunos ediles pasó prácticamente desapercibida.

Al final, más allá de los nombres, lo que está en juego es la confianza ciudadana en sus autoridades y el uso eficiente de los recursos públicos.