Buscar un médico sin tener la voluntad de curarse es como intentar pescar en un charco. Nos dice Juan Armando Corbin, psicólogo experto en comunicación empresarial.
La función de un doctor no es tan solo interrogar y explorar a los enfermos, solicitar estudios y prescribir medicamentos. Lo anterior debe complementarse con orientar de manera veraz, objetiva e imparcial a los enfermos, es decir, enseñarles a cuidarse. «Doctor» deriva del latín «docere» que significa enseñar. El doctor es un profesor y, además, los medios de difusión también tienen la noble misión de informar y orientar a la sociedad para ayudar a transformarla.
Hace más de 50 años en que me inicié como eterno estudiante de medicina era relativamente fácil tomar decisiones con los diabéticos descontrolados de su azúcar, ajustar las dosis de los tres o cuatro fármacos que existían en aquellos tiempos, y hasta la fecha siguen siendo efectivos. Con los avances tecnológicos revolucionarios y masivos que se han sucedido en los últimos 50 años, parece que médicos y pacientes hemos sido rebasados y si bien hemos mejorado en el control del azúcar, en la práctica diaria veo excesos en la toma de decisiones con los enfermos diabéticos y de otras enfermedades, y como consecuencia se observan violaciones a la esencia del ser médico, del ser doctor: «primun non nocere» = primero no dañar, y hay que reconocerlo, se están provocando serios daños a los enfermos, a pesar de los avances técnicos.
A las pruebas me remito, sin el afán de descalificar a ningún colega, ni mucho menos menospreciar, puesto que cada médico toma decisiones de acuerdo con el estado actual de sus conocimientos y su experiencia personal. Mi criterio no es ni mejor ni peor, sino diferente, y a los enfermos les ha de ser saludable contar con distintas estrategias para llegar al mismo fin: mantener la salud física, mental… y por supuesto, económica.
Los «polis» y la diabetes.
Si bien la esencia de la diabetes es la elevación del azúcar en sangre por encima de los valores normales, cuando estos rebasan los 180 miligramos se desencadenan los síntomas: mucha sed (polidipsia), mucha orina (poliuria), mucha hambre (polifagia), baja de peso y debilidad generalizada. Basta prescribir medicamento para normalizar el azúcar, ajustar la ingesta de calorías en los alimentos si es excesiva y remiten los síntomas.
Presión alta y diabetes:
En diabéticos con azúcar elevada, es frecuente encontrar moderadamente elevada la presión arterial como reacción a la situación de estrés físico por el azúcar elevada y ansiedad por los síntomas aparatosos y los miedos, se liberan otras hormonas como la adrenalina, la hormona del estrés o el cortisol, ambas tienen a elevar la presión arterial. Pero esta reacción de la presión se normaliza al controlar el azúcar, sin necesidad de utilizar medicamentos directos para la presión arterial. Sin embargo, es frecuente observar pacientes intoxicados con medicamentos para la presión prescritos durante la elevación del azúcar, y que al normalizarse esta, ya no son necesarios.
Colesterol alto y diabetes:
La insulina interviene además en el metabolismo del colesterol (grasas), por lo que es frecuente observar elevación del colesterol y los triglicéridos en diabéticos con elevación del azúcar. En estas circunstancias, la mayoría de las veces el colesterol y los triglicéridos se normalizan con los medicamentos para controlar la diabetes y no es necesario utilizar fármacos específicos para el control del colesterol. No obstante lo anterior, es frecuente ver pacientes diabéticos ingiriendo sin necesidad medicamentos, por cierto muy costosos, para el control del colesterol. Lo recomendable es estabilizar el azúcar y solo en caso de que varios meses de mantener el control de azúcar, si el colesterol persiste elevado, podría ser necesaria la prescripción de fármacos para el control de colesterol.
«Mal de orín» y diabetes:
Ardor para orinar es una manifestación de vías urinarias, llamado «mal de orín». En general tiene varias causas, la más frecuente es una infección bacteriana de vejiga y uretra. Si bien la infección urinaria es frecuente en diabéticos descontrolados del azúcar, los diabéticos pueden manifestar mal de orín por irritación del azúcar cuando rebasa en sangre los 180 miligramos al pasar los cristales de azúcar a la orina. Estos cristales irritan la mucosa muy sensible de la vejiga y uretra, provocando la irritación al orinar. Muy frecuente es observar diabéticos descontrolados con azúcar por encima de 180, con ardor para orinar, tratados con antibióticos potentes durante varias semanas o meses, sin respuesta alguna. Basta en estos casos ajustar la dosis del medicamento para el azúcar y cuando esta desciende por debajo de los 180, el mal de orín desaparece sin necesidad de antibióticos, confirmando que era la diabetes descontrolada la causa del ardor. En otras ocasiones el mal de orín no desaparece ni con antibióticos ni con un buen control del azúcar, así que debemos investigar otras posibles causas y de las más frecuentes es la ansiedad, yo le llamo «vejiga nerviosa» o la neuropatía diabética pero cuando la diabetes tiene más de 5 años de evolución.
Se es buen médico si nos encontramos con un buen paciente, con voluntad de curarse o controlarse.
Continuará…
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