Dr. Ignacio Espinosa. Médico Internista. Tels. 782 82 263 52 y 782 888 0056.
El profesor de la Universidad de Arizona (EEUU), Richard Ablin, descubridor del análisis de antígeno prostático específico (PSA), asegura que este test, el más usado en el mundo para la detección del cáncer de próstata, es «demasiado caro y poco efectivo» para mantener su uso rutinario para toda la población masculina mayor de 50 años.
«Nunca soñé que este descubrimiento, que realicé hace cuatro décadas, iba a desatar un desastre para la salud pública impulsado por el ansia de ganancias», ha reconocido el profesor Ablin en un artículo publicado en ‘The New York Times’, en relación con el debate que se desarrolla en EEUU sobre el uso de estos test para la detección precoz de la enfermedad.
Para este experto, el análisis de PSA se ha convertido en un «desastre extremadamente costoso para la salud pública» en EEUU, donde cambiar las indicaciones para su uso podría ahorrar muchos gastos, pues el coste anual de este examen es de al menos 2.177 millones de euros, unos 3.000 millones de dólares.
«Como he intentado aclarar todos estos años, la prueba de PSA no puede detectar si una persona tiene cáncer de próstata y lo que es más importante, no puede distinguir entre dos tipos de cáncer de próstata el que puede provocar la muerte y el que no», explicó, añadiendo que este test «simplemente revela cuánto antígeno prostático hay en sangre».
Según diversos estudios recientes citados por Ablin, la comunidad médica le está dando la espalda al análisis de PSA. Sin embargo, se sigue utilizando porque las farmacéuticas siguen vendiéndolos y los grupos de pacientes presionan para «tomar conciencia sobre el cáncer de próstata, alentando a los hombres a que se hagan los análisis».
El especialista ha precisado que este examen sólo es pertinente en hombres que ya hayan sido sometidos a tratamiento por un cáncer de próstata «El análisis no debería abarcar a toda la población masculina mayor de 50 años», sentenció.
La PSA es una proteína formada solo por células prostáticas y sus niveles pueden dispararse cuando un tumor prolifera, pero también cuando la próstata se agranda naturalmente con la edad.
Reflexión médica humanista.
No hay mayor oportunidad, responsabilidad u obligación que pueda tocarle a un ser humano que convertirse en médico. En la atención del sufrimiento, el médico necesita habilidades técnicas, conocimientos científicos y comprensión de los aspectos humanos. Del médico se espera tacto, empatía y comprensión, ya que el paciente es algo más que un cúmulo de síntomas, signos, trastornos funcionales, daño de órganos y perturbación de emociones. El enfermo es un ser humano que tiene temores, alberga esperanzas y por ello busca alivio, ayuda y consuelo.
La realidad es que con los avances en tecnología, se está perdiendo la comunicación humana entre médicos y pacientes.
Pensamiento lógico y deductivo en medicina.
El razonamiento deductivo y la tecnología aplicada constituyen los cimientos para solucionar muchos problemas clínicos.
El médico eficiente, cuando se enfrenta a un problema clínico difícil, debe estar en condiciones de identificar los elementos cruciales de la anamnesis (interrogatorio) y la exploración física complejas, ordenar estudios adecuados de laboratorio y extraer los resultados fundamentales para saber si emprende un tratamiento o asume una actitud expectante.
Todo médico calificado, muchas veces en el día, debe aplicar su criterio y tomar decisiones definitivas, como saber si conviene rastrear un signo clínico o si sería mejor no concederle gran atención, así como si una prueba propuesta, una medida preventiva o un tratamiento conllevan mayor riesgo que la propia enfermedad. Esta combinación de conocimientos médicos con la intuición, experiencia y criterio personal define al arte de la medicina, indispensable para ejercerla con la solidez de los conocimientos científicos.
“Escuchatorio”, en lugar de consultorio.
El interrogatorio fructífero es algo más que el señalamiento ordenado de síntomas; el médico, al escuchar a su paciente y percatarse de la forma en que describe sus achaques, podrá obtener datos valiosísimos del problema. Las inflexiones de la voz, la expresión facial, los gestos y el “lenguaje corporal” pueden aportar pistas valiosas del significado que tienen los síntomas para el enfermo.
La “cultura” médica y la capacidad de recordar hechos varían con la persona, por ello todos los datos señalados por cada individuo deben ser corroborados, en la medida de lo posible. Los antecedentes sociales también aportan pistas valiosas respecto de los tipos de enfermedades que hay que identificar.
El que solo medicina sabe, ni siquiera medicina sabe.
La vista, el tacto, el oído, el olfato en medicina clínica.
En la actualidad, el facultativo atiende por primera vez a innumerables pacientes después de que se han realizado diversas pruebas diagnósticas y se conocen sus resultados; tal situación no debe ser obstáculo para que realice una exploración física minuciosa, cuando menos con cuatro de nuestros cinco órganos de los sentidos, porque no es raro que subsistan hallazgos clínicos que no fueron detectados en los estudios diagnósticos previos a la exploración.
El acto de tocar al paciente al explorarlo también brinda la oportunidad de establecer comunicación, y puede ejercer efectos tranquilizadores que fomenten la relación entre paciente y médico.
Al estar pergeñando este texto, apareció un paciente diabético con una úlcera en pie, bien cubierta con gasas. Vengo a que me supervise el control de la diabetes, de mi pie diabético ya voy bien, me está curando un médico. No obstante, descubrí la úlcera, observé secreción purulenta, la olfatee y ¡Zas, franca putrefacción!.
Los datos de laboratorio no sustituyen, complementan.
No hay nada más costoso e improductivo que realizar estudios ulteriores basados tan solo en la detección del laboratorio, de una anomalía aislada en alguien que, por lo demás, está sano. Me parece un grave error, que una persona acuda a un laboratorio y solicita un paquete de 30 o 40 pruebas en sangre antes de acudir al médico.
La solicitud de estudios debe ser selectiva, es decir, primero recabar datos clínicos directos con el enfermo y con ello seleccionar los estudios que ayuden a confirmar lo que puede tener o lo que no: es decir, se solicitan estudios para confirmar o descartar lo que el médico supone que tiene o no tiene.
Doctor deriva del latín medieval: doctor,-oris; en latín, latino o latina ‘profesor’ derivado de docere= enseñar. Lo anterior significa que nuestra responsabilidad como médicos no es solo solicitar estudios y prescribir fármacos, sino que debemos orientar, enseñar, explicar para cambiar las conciencias de los enfermos.
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