LLAMADA DE EMERGENCIA POR: Gustavo García Salazar
Cada 24 de junio, México conmemora el Día del Paramédico. Más allá de una fecha oficial, este día representa un recordatorio de la vocación, la entrega y la humanidad de quienes, día tras día, atienden las emergencias que muchos preferirían no presenciar.
Ser paramédico en nuestro país no es sólo una profesión: es una decisión de vida. Es estar disponible a cualquier hora, dejar la mesa servida para correr tras una sirena, y regresar con el peso de lo vivido grabado en la memoria. Es trabajar en condiciones muchas veces precarias, sin equipos completos o con vehículos en mal estado, pero con una voluntad inquebrantable de ayudar.
Nuestros paramédicos no sólo curan heridas; también acompañan despedidas, contienen el miedo, y son los primeros en ofrecer una palabra de aliento cuando todo parece desmoronarse. En ellos, la técnica se mezcla con la empatía, el conocimiento con la sensibilidad. Y eso no siempre se valora como debería.
Desde instituciones como la Cruz Roja Mexicana hasta cuerpos municipales y voluntarios, los socorristas forman una red de servicio esencial, muchas veces invisible para quienes no han tenido que recurrir a ella. Sin embargo, su labor sostiene una parte crucial del sistema de salud: la atención prehospitalaria.
En este Día del Paramédico, no basta con agradecerles. Debemos reconocer su papel como profesionales de la salud, exigir que se les garantice formación continua, condiciones laborales dignas y el equipamiento necesario. No es un lujo: es una necesidad que puede salvar vidas.
Porque el día que marquemos al 911 y escuchemos “ya va en camino la ambulancia”, sabremos que un paramédico está dejando todo otra vez por cumplir su misión: salvar vidas
Nos leemos el próximo lunes
@llamada de emergencia
