Hablar de Poza Rica es hablar, inevitablemente, del calor. No es un fenómeno reciente ni extraordinario, sino una condición que históricamente ha acompañado a nuestra ciudad; sin embargo, lo que sí ha cambiado es la intensidad con la que se presenta, principalmente el impacto que tiene en la salud y la seguridad de la población.
Y es que el golpe de calor se ha convertido en una de las emergencias más frecuentes durante esta temporada, donde no es simplemente sentirse acalorado: es una condición grave que ocurre cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura, pudiendo superar los 40 grados y afectar órganos vitales. En una ciudad como Poza Rica, donde la combinación de altas temperaturas y humedad es constante, el riesgo es mayor.
Hay sectores de la población que enfrentan un riesgo aún más elevado. Los niños y adultos mayores son especialmente vulnerables debido a que su capacidad de regulación térmica es menor; las personas con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión o problemas cardiacos también presentan mayor probabilidad de complicaciones. A esto se suman quienes trabajan o pasan largos periodos bajo el sol, como los obreros, comerciantes, personal de campo, elementos de emergencia y cualquier persona que, por necesidad, realiza actividades en exteriores; no se debe dejar de lado a las mascotas, que también sufren las consecuencias del calor extremo.
Uno de los principales problemas es que hemos normalizado el calor. Salimos, trabajamos y hacemos nuestras actividades como si no representara un peligro real; ignoramos señales como dolor de cabeza, mareo, debilidad, piel caliente o sudoración excesiva. En etapas más avanzadas pueden presentarse confusión, desorientación o incluso pérdida del conocimiento; a esto se suma la falta de hábitos preventivos.
Algo tan básico como la hidratación sigue siendo un tema crítico, pues no se trata de esperar a tener sed; se trata de consumir agua de manera constante durante el día. Un trabajador bajo el sol puede necesitar varios litros de agua diarios para mantenerse en condiciones seguras, por lo que sustituir el agua por refrescos o bebidas alcohólicas solo agrava el problema.
Otro punto importante es el entorno inmediato, especialmente los vehículos, ya que en Poza Rica, un automóvil cerrado puede alcanzar temperaturas extremas en cuestión de minutos, lo que no solo representa un riesgo para personas o mascotas, sino también para los objetos que dejamos dentro; encendedores, aerosoles, baterías portátiles o cualquier envase presurizado pueden expandirse, explotar o provocar incendios al estar expuestos al calor.
Ejemplos hay muchos: el encendedor olvidado en el tablero y que termina reventando, la lata de aerosol que se deforma o explota dentro de la guantera o incluso botellas de plástico que, bajo ciertas condiciones, pueden concentrar los rayos solares; estas son situaciones prevenibles que pueden escalar rápidamente a una emergencia.
La prevención es sencilla, pero requiere constancia, además hidratarse de forma continua, evitar la exposición al sol entre las 11 de la mañana y las 4 de la tarde, utilizar ropa ligera, protegerse con gorra o sombrero, buscar espacios ventilados y no dejar personas, mascotas, ni objetos de riesgo dentro de vehículos.
Poza Rica siempre ha sido una ciudad de calor, pero eso no significa que debamos acostumbrarnos al riesgo; la diferencia entre una jornada normal y una emergencia puede estar en decisiones simples que tomamos o dejamos de tomar todos los días. El golpe de calor no es un tema menor… es una realidad que exige conciencia, prevención y responsabilidad compartida.
@llamada de emergencia
