El número de jóvenes que deciden no convertirse en madres en México ha aumentado, una tendencia que refleja cambios sociales, económicos y culturales que se han fortalecido en las últimas décadas.
A diferencia de generaciones anteriores, cuando la maternidad era vista como un paso obligatorio en la vida de las mujeres, hoy muchas pueden construir un proyecto personal acorde con sus intereses, elegir dónde estudiar, trabajar y desarrollarse, así como decidir si desean casarse o tener hijos.
La disminución en el número de nacimientos es evidente. Mientras que en 1950 el promedio era de siete hijos por mujer en México, para 2018 la cifra se redujo a dos y en 2023 llegó a 1.6 hijos. Este fenómeno no es exclusivo del país, pues se replica en distintas regiones del mundo. La investigadora de la UNAM, Verónica Montes de Oca, explicó que esta reducción se ha registrado desde hace varias décadas y está relacionada con el acceso de las mujeres a mayores niveles educativos y a una mayor conciencia sobre las implicaciones económicas, emocionales y de cuidado que representa la crianza.
Además de las decisiones personales, factores económicos también influyen en esta tendencia. La OCDE ha documentado que entre las principales razones para posponer o rechazar la maternidad se encuentran la inflación y el alto costo de vida. En México se suman la precariedad laboral, la dificultad para acceder a empleos formales, el cambio climático y la falta de atención a la salud mental.
Aunque la maternidad continúa siendo una elección personal, especialistas advierten que las mujeres que deciden no tener hijos aún enfrentan presión social y estigmas. Sin embargo, consideran que esta tendencia también refleja una mayor libertad e información para decidir sobre la sexualidad, la maternidad y el futuro profesional.