Llamada de emergencia
LA CAÍDA DE LOS VOLADORES
Por: TUM. Gustavo García Salazar
El pasado fin de semana, un evento que suele llenar de orgullo y admiración a los veracruzanos terminó en tragedia. En el municipio de Tihuatlán, durante una presentación de los voladores de Papantla una tradición ancestral reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad varios de sus integrantes cayeron desde las alturas, generando conmoción, angustia y una profunda reflexión colectiva.
Los voladores no solo representan una danza ritual; son un símbolo vivo de la cosmovisión totonaca, un legado que ha resistido siglos y fronteras. Sin embargo, su arte no está exento de riesgo. El ritual implica una compleja y peligrosa maniobra aérea, y cuando la seguridad falla por cualquier causa las consecuencias pueden ser fatales.
Este accidente, además de herir físicamente a los participantes, nos hiere como sociedad. No podemos quedarnos en la tristeza pasiva. Es momento de exigir y asumir responsabilidad: ¿cómo es posible que en un evento público de alto riesgo no haya presencia obligatoria de personal capacitado en primeros auxilios?
La organización de espectáculos tradicionales, sin importar su carácter cultural o festivo, debe contemplar protocolos básicos de seguridad. No basta con la fe o la experiencia ancestral; la prevención debe acompañar siempre a la tradición. Contar con brigadistas o personal de primeros auxilios en el área no es un lujo, es una necesidad. La diferencia entre la vida y la muerte, entre una atención oportuna o una tragedia, puede depender de minutos.
Hoy, más que nunca, es importante hacer un llamado claro: que en cada presentación, en cada pueblo, feria o festival donde se exhiba esta y otras manifestaciones culturales, los organizadores incluyan de manera obligatoria la presencia de brigadas de atención prehospitalaria.
Porque honrar nuestras tradiciones también implica cuidar a quienes las hacen posibles
Nos leemos el próximo lunes
@llamada de emergencia
