Derrame en el Golfo: cuando la emergencia exige más que discursos

La noche del 2 de julio, una tormenta severa azotó el tranquilo poblado de Kerrville, Texas. En cuestión de minutos, las lluvias torrenciales transformaron calles en ríos, arrastraron vehículos, afectaron viviendas y pusieron en riesgo la vida de cientos de personas. Las imágenes que circularon en medios y redes mostraban el caos: autos flotando, personas atrapadas en techos, y cuerpos de rescate saturados, haciendo todo lo posible por responder.

Pero más allá del desastre natural, lo que impactó fue la falta de preparación. A pesar de las alertas meteorológicas previas, muchas personas no sabían qué hacer, no tenían un plan de emergencia y nunca pensaron que algo así podría pasarles. Kerrville es un ejemplo doloroso de lo que ocurre cuando la prevención no es prioridad, ni para las autoridades ni para la ciudadanía.

Y aquí es donde entra Poza Rica. Nuestra ciudad comparte muchas vulnerabilidades con comunidades como Kerrville. Tenemos zonas con problemas de drenaje, viviendas asentadas en áreas de alto riesgo, vialidades que se colapsan con lluvias moderadas y, sobre todo, una cultura ciudadana que aún no valora la prevención como algo urgente y necesario.

Cada temporada de lluvias vemos lo mismo: reportes de calles inundadas, caída de árboles, postes eléctricos comprometidos, viviendas con filtraciones, escuelas suspendiendo clases y, en los peores casos, personas que pierden lo poco que tienen. Sin embargo, pasada la tormenta, todo se olvida. Se limpian las calles, se apagan las alertas y volvemos a la rutina como si nada.

¿Y si la siguiente tormenta no nos da tiempo?

Lo que pasó en Kerrville podría ser el espejo de nuestro futuro cercano si no hacemos nada. Poza Rica no está exenta de vivir una tragedia similar o peor. Y aunque la autoridad tiene una gran responsabilidad en fortalecer sus planes de Protección Civil, la realidad es que la preparación debe empezar en casa.

Es momento de preguntarnos seriamente:
¿Tenemos una mochila de emergencia lista?
¿Sabemos qué hacer si hay una inundación, un deslave o un incendio?
¿Conocemos las rutas de evacuación de nuestra colonia?
¿Hemos hablado con nuestra familia sobre un plan de contingencia?
¿Participamos en simulacros cuando se nos convoca?
¿Confiamos ciegamente en que “aquí nunca pasa nada”?

La prevención no es un lujo ni una exageración, es una inversión en nuestra seguridad y la de quienes amamos. No podemos seguir dejando todo en manos del gobierno o esperando a que llegue la ayuda. Cuando una emergencia sucede, cada segundo cuenta, y saber cómo actuar puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Por eso, hoy más que nunca, debemos asumir nuestra parte. Informarnos, prepararnos, participar y exigir que Protección Civil tenga recursos, capacitación y voluntad. Pero también debemos convertirnos en ciudadanos más responsables, que entiendan que la protección comienza en casa. Lo de Kerrville no fue una tragedia inevitable, fue el resultado de la falta de prevención. Y eso es algo que aquí todavía podemos cambiar.

La pregunta es: ¿esperaremos a que nos pase para hacer algo, o actuaremos antes de que sea demasiado tarde?

Nos leemos el próximo lunes
@llamada de emergencia