TINTA Y CORAZÓN – POR: KARLA RAZO
Hoy, nuestra sección cultural abre el telón para conocer la historia de una joven que ha encontrado en el arte su forma de vida. La danza, disciplina que exige pasión, constancia y sensibilidad, ha marcado el camino de la maestra Yareimi Rubí Hernández, una talentosa docente de ballet que desde muy pequeña descubrió que el escenario y el movimiento serían parte esencial de su destino.
En esta ocasión, nos comparte cómo nació su amor por la danza, los primeros pasos que dio dentro del mundo artístico y la influencia que tuvo su entorno familiar para convertir esa pasión infantil en una vocación que hoy inspira a nuevas generaciones de bailarinas; su historia es también un reflejo de cómo el arte puede crecer dentro del hogar y transformarse en un legado que se transmite con dedicación y cariño.
-¿Creciste en un ambiente donde el ballet siempre estuvo presente?
Sí, la danza siempre fue parte de mi vida. Crecí en un hogar lleno de música; mi papá conformaba un grupo musical de amigos y mi mamá estudió danza cuando era joven. Desde pequeña, los movimientos y las notas musicales eran parte de nuestro día a día, y así aprendí a amar el arte desde la raíz.
-¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con la danza?
Mi primer contacto con el ballet fue a través de mi mamá. Ella me enseñaba todo lo que sabía y por las tardes comenzaba a entrenarme; esos momentos sencillos y llenos de amor marcaron el inicio de mi camino en la danza, y aún los recuerdo con una sonrisa.
-Tu mamá y tu hermana también forman parte de esta historia. ¿Cómo nació la idea de crear el Instituto de Ballet Yaruh y qué significa para ustedes como familia?
Ballet Yaruh nació gracias al apoyo y la pasión compartida con mi mamá y mi hermana. Cuando tenía 17 años, en 2017, empecé a dar mis primeras clases en la casa que rentaban mis padres; no tenía un plan de abrir un estudio ni un presupuesto para hacerlo, solo ganas de enseñar. Poco a poco llegaron más alumnas y tuvimos que equipar el espacio con barras, espejos y lo esencial para que las clases fueran cómodas; con el tiempo, rentamos un local más grande, remodelándolo hasta convertirlo en un espacio moderno y acogedor. Para nosotras, Ballet Yaruh es mucho más que un estudio: es un proyecto familiar lleno de amor, esfuerzo y dedicación.
-Eres una maestra joven que además vive la experiencia de la maternidad. ¿Cómo ha influido tu hija en la forma en que entiendes la danza y la enseñanza?
Mi hija Katherine, de dos años, ha transformado mi manera de ver la enseñanza. Ella me inspira a ser mejor cada día, le encanta verme bailar y acompañarme a clases; ya comienza a dar sus primeros pasos en la danza. Gracias a ella, entiendo que enseñar es también un acto de amor y ejemplo, y me recuerda que los sueños se pueden hacer más grandes y reales.
-¿Qué buscas que tus alumnas aprendan en el salón de ballet, más allá de la técnica y las coreografías?
Quiero que amen sus habilidades y logros, y que lo plasmen en cada movimiento. El ballet no debe ser solo un pasatiempo; es disciplina, compromiso y una herramienta para crecer y expresarse. Busco que cada alumna descubra su sello personal y se transforme en una intérprete que brille con su propio talento.
-El ballet requiere disciplina, constancia y esfuerzo. ¿Cómo logras motivar a niñas y jóvenes para que disfruten el proceso sin perder la pasión?
El ballet es hermoso, pero desafiante; al principio, todo es novedad y emoción. Luego llegan los días grises: cuando la motivación flaquea, las correcciones duelen o no obtienes el papel principal; es ahí cuando se prueba la perseverancia. Mi labor es acompañarlas, celebrar sus avances y enseñarles que cada esfuerzo las acerca a ser bailarinas de verdad.
-Recientemente te integraste al Consejo de Cultura de Poza Rica. ¿Qué representa para ti formar parte de este espacio y qué proyectos te gustaría impulsar?
Formar parte del Consejo del Desarrollo Cultural de Poza Rica es un honor y una responsabilidad; quiero compartir ideas, inspirar y servir a la comunidad. Me gustaría impulsar proyectos que fomenten valores, cultura y amor por nuestras raíces, acercando el arte a quienes tal vez nunca tuvieron la oportunidad de vivirlo.
-Si miras hacia el futuro, ¿cómo imaginas el crecimiento del instituto Yaruh y qué impacto te gustaría que tuviera en la comunidad?
Sueño con abrir más sucursales, acercando la danza a más niños y jóvenes, incluso en comunidades donde hoy no llega; quiero ser cazatalentos y mostrar que nuestro cuerpo puede lograr cosas increíbles gracias al ballet. También espero crear una fundación que permita a todos acceder a la danza, descubriendo talentos, fomentando la disciplina y compartiendo el arte como un vehículo de transformación personal y social.






