El hospital del abandono: cuando dirigir es pedir ayuda

Este sábado inició en Poza Rica la colecta anual de la Cruz Roja Mexicana. Para muchos puede parecer una actividad que se repite cada año: voluntarios en las calles con alcancías, jóvenes invitando a la ciudadanía a donar y el llamado a la solidaridad de la población.

Sin embargo, detrás de esta colecta hay algo mucho más profundo que una simple campaña de recaudación. La colecta representa la posibilidad de que una institución que durante décadas ha estado presente en los momentos más difíciles de nuestra sociedad pueda seguir operando.

La Cruz Roja no solo es un edificio, ni únicamente ambulancias circulando por la ciudad. La Cruz Roja es una red de ayuda que existe gracias al esfuerzo de voluntarios, paramédicos, personal operativo y, sobre todo, gracias al respaldo de la sociedad.

Pero hoy también es importante hablar de una realidad que muchas veces no se menciona lo suficiente.

En distintas partes del país, varias delegaciones de la Cruz Roja enfrentan problemas económicos que han puesto en riesgo su operación. Lo que para algunos podría parecer algo lejano, en realidad ya está ocurriendo.

En el estado de Tamaulipas, por ejemplo, varias delegaciones han enfrentado una de las crisis más complicadas de los últimos años. La falta de recursos ha provocado que algunas bases suspendan servicios o reduzcan operaciones, debido a que ya no cuentan con lo necesario para sostener su funcionamiento.

En ciudades como Ciudad Victoria, la delegación tuvo que suspender temporalmente salidas de ambulancias y algunos servicios médicos, ante la imposibilidad de cubrir gastos básicos como combustible, mantenimiento de unidades y otros costos operativos.

Algo similar ocurrió en Tampico, donde también se anunciaron suspensiones temporales de servicio debido a la crisis económica que enfrenta la institución.

Cuando esto sucede, las consecuencias son inmediatas:

Ambulancias que dejan de salir.
Servicios médicos que se suspenden.
Delegaciones que reducen su capacidad de respuesta.
Y lo más preocupante: emergencias que deben ser atendidas por otras corporaciones porque la Cruz Roja ya no puede hacerlo.

Las emergencias, sin embargo, no desaparecen.

Los accidentes siguen ocurriendo. Las enfermedades siguen apareciendo. Las tragedias no esperan a que exista presupuesto.

Lo único que cambia es el tiempo de respuesta.

Una ambulancia que antes tardaba cinco minutos en llegar puede tardar veinte o treinta minutos porque tiene que venir desde otro municipio.

Y en una emergencia médica cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Por eso es importante reflexionar sobre el valor de contar con instituciones de emergencia sólidas dentro de nuestras ciudades.

En Poza Rica, por ejemplo, vivimos hace poco tiempo una situación que dejó claro lo importante que es contar con una Cruz Roja fuerte y operativa.

Después de la terrible inundación que afectó a miles de familias en octubre de 2025, la ciudad enfrentó uno de los momentos más difíciles de los últimos años.

Colonias enteras resultaron afectadas, cientos de familias perdieron parte de su patrimonio y muchas personas necesitaban apoyo inmediato.

Fue entonces cuando la solidaridad de la sociedad y el trabajo de las instituciones de emergencia se hicieron presentes.

Desde los primeros días se organizaron brigadas de apoyo, entrega de víveres, distribución de kits de limpieza y ayuda humanitaria para las colonias afectadas.

En total se lograron distribuir más de 500 toneladas de ayuda para Poza Rica y la región.

Ese esfuerzo no se improvisa. Es el resultado de años de trabajo, organización, capacitación y del compromiso de hombres y mujeres que dedican su tiempo a ayudar a los demás.

Pero también es posible gracias a que existe una estructura operativa que permite responder cuando la emergencia aparece.

Ahora imaginemos por un momento algo que nadie quisiera que ocurriera.

Imaginemos que un día la delegación de Cruz Roja en Poza Rica tuviera que cerrar sus puertas.

Imaginemos que una ambulancia no pudiera salir porque no hay combustible.

Imaginemos que ante un accidente o una emergencia médica simplemente no haya unidades disponibles en la ciudad.

Imaginemos que las emergencias tengan que esperar.

Porque eso es precisamente lo que comienza a ocurrir cuando las delegaciones enfrentan crisis económicas.

Mantener una institución de emergencias operando las 24 horas del día no es sencillo ni barato.

Cada salida de ambulancia implica combustible.
Cada atención médica implica insumos.
Cada servicio requiere equipo, mantenimiento y capacitación constante.

Detrás de cada sirena que escuchamos hay un sistema completo que necesita mantenerse funcionando.

Por eso la colecta anual de la Cruz Roja no es solo una tradición, es una forma de garantizar que esa red de ayuda continúe existiendo.

Cada moneda que se deposita en una alcancía representa combustible para una ambulancia.

Representa equipo médico.
Representa capacitación para quienes están en la primera línea de atención.

Pero, sobre todo, representa la posibilidad de que cuando alguien marque un número de emergencia haya una unidad disponible para acudir en su ayuda.

La Cruz Roja no pertenece a un gobierno ni a una sola institución. Pertenece a la sociedad.

Cada paramédico, cada voluntario, cada socorrista es un ciudadano que decidió dedicar parte de su vida a ayudar a otros.

Por eso apoyar a la Cruz Roja no es solo un acto de solidaridad, es una inversión en la seguridad de toda la comunidad.

Porque tarde o temprano todos podemos necesitar ayuda.

Nadie está exento de una emergencia.

Y cuando ese momento llega, lo único que esperamos es escuchar una sirena acercándose.

Este sábado pasado inició la colecta anual en Poza Rica.

Tal vez parezca un gesto pequeño depositar una moneda en una alcancía, pero ese pequeño gesto puede ayudar a que una ambulancia siga circulando, a que una delegación continúe operando y a que una institución que ha salvado miles de vidas siga estando presente cuando más se le necesita.

Porque al final, la pregunta no es si necesitamos a la Cruz Roja.

La verdadera pregunta es: ¿qué pasaría si un día ya no estuviera la Cruz Roja?

Nos leemos la próxima semana.
@llamada de emergencia