El Atlas de Riesgo de Poza Rica, actualizado en 2022, no dejaba lugar a dudas, pues enmarcaba que las colonias ubicadas sobre la margen del río Cazones enfrentaban un riesgo del 70 por ciento de sufrir inundaciones.
Un riesgo tan alto que debería haber encendido todas las alarmas. Sin embargo, como hemos visto, los riesgos no se mitigaron, y la historia se volvió a repetir.
En 1999, tras la primera gran inundación, decenas de familias fueron reubicadas en lo que hoy conocemos como la colonia Arroyo del Maíz. Pero la reubicación nunca fue completa porque muchas familias nunca abandonaron los espacios originales en los sectores bajos del municipio.
Veintiséis años después, el río volvió a desbordarse y la tragedia se repitió casi con exactitud. Según el informe de la Secretaría de Marina, hasta el 15 de octubre se habían censado cerca de 6 mil familias afectadas, de las cuales aproximadamente 3,000 ya recibieron apoyos del gobierno federal.
El Atlas de Riesgo señalaba también la necesidad de obras de mitigación por más de 250 millones de pesos para evitar precisamente lo que hoy vimos, es decir, calles y casas bajo el agua. Pero esas obras no se hicieron, y la realidad demuestra que, para proteger verdaderamente a Poza Rica, prácticamente habría que reubicar todas las colonias a la margen del río Cazones, desde Ignacio de la Llave hasta Villa de las Flores.
En esta zona no solo se encuentran hogares, sino también grandes firmas comerciales que, nuevamente, sufrieron daños millonarios. En 1999, los seguros de estos comercios habrían sido cubiertos por un acuerdo con el gobierno del estado, pero en esta ocasión el escenario fue distinto.
Es evidente que muchas cosas deben replantearse en Poza Rica. No podemos esperar otros 26 años para que la historia se repita. La zozobra y la pérdida hoy son una realidad para cientos de familias que lo han perdido todo y aún luchan por superar las condiciones en las que los dejó la inundación.
Los tres niveles de gobierno tienen ahora la obligación de actuar y revisar el Atlas de Riesgo, ejecutar las obras necesarias y definir medidas de prevención que verdaderamente protejan a la ciudadanía. Porque otra devastación como la del 10 de octubre no debería volver a ocurrir. Y si no se aprende de la historia, la memoria de Poza Rica seguirá marcada por tragedias que podrían haberse evitado, al menos en lo que respecta a las personas que perdieron la vida.
