Descontento entre maestros

La Policía Municipal de Poza Rica ha sido, desde su creación en el gobierno de Javier Velázquez Vallejo, una corporación que no ha logrado ganarse la confianza ciudadana. Siempre envuelta en controversias, acusaciones y señalamientos, la institución ha operado entre sombras y cuestionamientos.

Desde los mandos más altos hasta los departamentos jurídico y administrativo, la podredumbre ha asomado una y otra vez, dejando claro que la supuesta autoridad ha estado lejos de representar orden y legalidad.

Pero si en sus inicios ya apestaba, en la actual administración municipal la situación se ha recrudecido. La Policía Municipal ha pasado de ser una fuerza de seguridad a convertirse en un foco de preocupación.

Abusos de autoridad, arbitrariedades y presunta colusión con la delincuencia se han vuelto parte de un preocupante patrón que ya no puede ignorarse.

La gobernadora Rocío Nahle lo dijo con todas sus letras: Poza Rica es uno de los municipios con focos rojos en materia de seguridad.

Y lo es no solo por el aumento de hechos violentos, sino por lo que ocurre dentro del aparato institucional. La mandataria fue más allá y reveló que, de acuerdo con investigaciones recientes, al interior de la Policía Municipal hay elementos que nunca debieron portar un uniforme, mucho menos una placa.

Y mientras esto ocurre, la violencia sigue cobrando factura. Al menos nueve funcionarios municipales han sido “levantados” durante esta gestión, incluyendo recientemente al regidor de Comercio, Víctor Manuel Benavides Cobos.

El mensaje es claro y contundente: urge una “limpia” profunda en la corporación, una revisión seria y sin simulaciones. No se trata de cambiar nombres o rotar mandos, sino de fincar responsabilidades y aplicar la ley, caiga quien caiga.

La ciudadanía de Poza Rica ya no solo teme a los criminales, sino a quienes deberían protegerla. Es momento de reconstruir la seguridad desde sus cimientos, con una estrategia que no tolere la corrupción ni la impunidad dentro de las fuerzas del orden.

De lo contrario, la Policía Municipal seguirá siendo no la solución, sino parte del problema.