El hartazgo en Poza Rica es palpable. Lo que alguna vez se vendió como la esperanza de un cambio verdadero bajo el estandarte de la Cuarta Transformación terminó siendo, para miles de ciudadanos, una amarga decepción.
Las dos últimas administraciones municipales, abanderadas por Morena, prometieron una transformación profunda, ética y social. Pero en los hechos, los principios de “no mentir, no robar, no traicionar” quedaron como simples frases de campaña.
Una de las mayores inconformidades entre la población ha sido la forma en que se integraron los equipos de trabajo en el ayuntamiento. Lejos de privilegiar la militancia o el compromiso con los ideales del movimiento, muchos de los puestos clave fueron ocupados por personajes provenientes de otros partidos, especialmente del PRI, el mismo partido que durante décadas fue símbolo del poder que Morena prometió combatir. Esta contradicción minó la confianza ciudadana. Lo que se esperaba fuera una administración con sello transformador, terminó gobernada por funcionarios reciclados, oportunistas e incluso ajenos por completo a Poza Rica.
El resultado fueron decisiones impopulares, una desconexión total con las necesidades locales y una sensación generalizada de que la ciudad fue utilizada como trampolín para intereses personales.
Pero el malestar va más allá. Hay quienes aseguran que en ambas administraciones no fueron los alcaldes quienes tomaron realmente las decisiones, sino sus asesores de confianza: figuras en las sombras que se asumieron como mesías, creyendo que venían a descubrir el hilo negro, cuando en realidad solo repitieron las viejas prácticas del pasado, es decir, improvisación, simulación y un apetito voraz por el presupuesto público.
Con este historial reciente, la ciudadanía mira con escepticismo hacia el futuro. Sin embargo, también hay una esperanza latente de que la próxima administración, que comenzará funciones en enero, rompa de una vez por todas con ese ciclo de simulación y reparto de cuotas. La exigencia es clara: que quienes lleguen a los cargos más importantes lo hagan por capacidad, compromiso y arraigo, no por amistad o por haber sido “buscachambas” de última hora.
Además, hay un mensaje fuerte para quien encabece la próxima gestión: que gobierne el alcalde, no sus asesores.
Poza Rica necesita liderazgo real, no delegaciones disfrazadas de equipos técnicos. La gente ya no está dispuesta a tolerar más farsas ni a ver cómo funcionarios foráneos llegan a enriquecerse sin conocer ni respetar la historia ni el sentir de la ciudad. En Poza Rica hay gente muy capaz, como para traer asesores de otros lugares que solo vienen a llenarse los bolsillos de dinero.
El reto para la próxima administración será enorme. En los primeros 100 días deberá enviar señales claras de que se gobierna con rumbo, con dignidad y con respeto al pueblo. De lo contrario, el repudio ciudadano no tardará en manifestarse nuevamente. Poza Rica ya no aguanta más improvisaciones.
