No cabe duda que en la política local aplica muy bien el viejo refrán que dice: “unos corretean la liebre… y otros, caminando, la alcanzan”. Y si no, que lo digan los partidos que, sin despeinarse y con campañas tan grises como inexistentes, salieron ganando tras la elección del pasado domingo.
Y es que los verdaderos triunfadores, aunque le duela a más de uno, no fueron quienes hicieron campaña de sol a sol, sino el PAN, el PT y el PRI. La razón es muy simple: sus candidatos no movieron un dedo, y aun así alcanzaron Regidurías como premio y se sacaron la lotería sin comprar billete.
Vaya, algunos ni las suelas de los zapatos gastaron y ni siquiera tuvieron que andar repartiendo bolillos duros como en otras elecciones, pero ahí están, a punto de sentarse en la mesa del cabildo.
Tal es el caso del eterno candidato perdedor Leonardo Amador Rodríguez, quien con solo hacerse el aparecido en algunas colonias y posar para la foto, logró colocarse en una honrosa segunda posición. Votación que, sin temor a equivocarnos, le dará tres Regidurías aseguradas. Así cualquiera le entra a la “campaña”.
Del PRI y el PT, ni mencionar a los candidatos vale la pena, porque ambos personajes no alcanzaron ni los dos mil votos, y aun así tendrán representación en el próximo Ayuntamiento. Porque claro, no hace falta ganar para cobrar… basta con figurar en las planillas.
Y como lo advertimos en su momento, había candidaturas que jamás tuvieron intención de ganar. El objetivo era otro, es decir, colarse al cabildo, donde con una Regiduría se pueden abrir puertas, levantar la mano en sesiones, y sobre todo, negociar favores.
Porque no faltará quién les pida “la mitad del salario”, o los usen como intermediarios para conseguir contratos, obras, proveedores… ya saben, el paquete completo.
Y no es puro choro lo que estamos escribiendo, porque en Poza Rica, hasta los servicios funerarios del DIF para personas de escasos recursos terminan beneficiando a funerarias “recomendadas” por quien preside el organismo. Nada se deja al azar, ni siquiera la muerte.
Así que ahora usted entiende, estimado lector, por qué todos se pelean una regiduría, una dirección, o al menos una asesoría honoraria que pague algo más que el café. El poder, aunque sea chiquito, siempre tiene precio. Por eso, cada que llega una elección municipal, hay quienes, sin sudar la camiseta, ya obtuvieron su premio.
