El refrán popular no falla: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Y bien puede aplicarse al escenario político que se vive tras la reciente elección municipal en Poza Rica, donde cada quien busca sacar su tajada del pastel.
Un claro ejemplo es Leonardo Amador Rodríguez, mejor conocido en la política local como “Naro” Amador. Este personaje, a quien muchos califican como un “chapulín” y vividor de la política, ha sabido mover sus piezas con astucia para seguir en la jugada, sin importar colores ni ideologías.
Y es que no es ningún secreto que Naro tuvo un paso gris por el Congreso Federal como diputado, y que en aquella época ni siquiera era panista, sino perredista. Sin embargo, tras su salida de San Lázaro, supo convertirse en uno de los empresarios más prósperos de la región, llegando incluso a obtener una concesión para operar una estación de gasolina propia. Está claro que para él, la política siempre ha sido un medio para vivir bien.
Ahora, en esta reciente elección municipal, sin hacer campaña ni invertir un solo peso, buscó la presidencia municipal y, aunque perdió en las urnas, logró obtener tres Regidurías para su partido.
Estas posiciones son, sin duda, oro molido para Naro y su grupo, ya que les abrirán las puertas para convertirse en proveedores principales del próximo gobierno municipal; pero la historia no termina ahí.
Tras la confirmación del triunfo de la candidata de Morena por parte del Tribunal Electoral de Veracruz, Naro Amador ha salido a exigir ante la opinión pública que se repita la elección, buscando así obtener una nueva tajada política.
No hay duda, Naro Amador es un viejo lobo, un tigre de colmillo retorcido que ha aprendido a vivir de la política, apoderándose del PAN en Poza Rica, un partido cuyos militantes más destacados parecen estar más interesados en vivir de la ubre presupuestal que en representar auténticamente a la ciudadanía.
En Poza Rica, mientras los verdaderos ciudadanos esperan soluciones y progreso, personajes como ‘Naro’ siguen aprovechando la inestabilidad electoral para asegurar su bienestar, sin importar los costos para la democracia local.
