Esperanza o más de lo mismo

En el H. Ayuntamiento de Poza Rica se vive un ajuste de cuentas que muchos ya anticipaban: las basificaciones de empleados de confianza heredadas de la pasada administración están siendo revisadas y, en varios casos, canceladas.

Este proceso no es casualidad. Detrás de estas irregularidades están figuras conocidas del sindicalismo municipal, cuyos intereses personales han marcado la historia reciente de la política laboral en el municipio.

Tal es el caso de Moisés Cruz, heredero de una saga sindical que por décadas tuvo en sus manos las riendas de lo que hoy se conoce como el sindicato Eduardo Núñez Marín. Tras la muerte de Don Fermín Cruz, la unidad que caracterizaba al sindicato se fracturó, dando paso a la creación de cuatro sindicatos distintos de empleados municipales.

Sin embargo, Moisés Cruz no logró distanciarse de las malas prácticas de su padre; al contrario, participó activamente en la negociación irregular de plazas durante la administración pasada.

Junto con Vicente Guzmán Oliver, líder del sindicato más fuerte, el Eduardo Núñez Marín, Moisés Cruz facilitó la basificación irregular de empleados de confianza, ignorando los principios básicos de transparencia y equidad que deberían regir en un sindicato. Ambos personajes, además, dejaron en evidencia su falta de lealtad política y ética.

Porque cuando se anunció un presunto ganador en la contienda por la alcaldía de Poza Rica, se apresuraron a rendir saludo al candidato que no correspondía con las inclinaciones que habían impulsado.

Una traición que no pasó desapercibida y que hoy da pie a que ni Moisés Cruz ni Vicente Guzmán Oliver tengan cara para mirar de frente a la alcaldesa. Su historial los delata: obedecen a intereses propios y no a los trabajadores que dicen representar.

Se sabe que como líderes sindicales se han beneficiado económicamente, mientras los empleados permanecían a merced de decisiones arbitrarias. Su falta de moral para defender a los trabajadores quedó al descubierto, pues su prioridad siempre fue complacer al patrón y asegurar sus propios beneficios.

Este episodio deja en claro que el sindicalismo municipal, cuando se maneja con fines personales, termina dañando a quienes debería proteger. La revisión de las basificaciones es apenas un paso hacia la recuperación de la ética laboral y es una oportunidad para que los empleados confíen nuevamente en la administración que, por fin, busca priorizar el interés colectivo sobre los intereses individuales de unos cuantos.

En política y en sindicalismo, las cuentas claras siempre terminan saliendo a la luz. Y hoy, los nombres de Moisés Cruz y Vicente Guzmán Oliver son recordatorios de lo que ocurre cuando el poder se antepone al deber.