Yatrogenia
Dr. Ignacio Espinosa. Médico Internista. Tels. 782 82 263 52 y 782 888 0056.
No hay nada tan nocivo en lo emocional como los sentimientos de culpa ante la muerte de un ser querido, la aparición de una enfermedad o ante cualquier fracaso laboral, económico o en los problemas vivenciales de familia. Al declararse la diabetes, la persona pierde un estado de bienestar emocional y físico. En realidad, al aparecer la mayoría de los diabéticos viven un estado de duelo y los diabéticos pueden pasar las etapas de un proceso de duelo, el cual depende de sus usos y costumbres sociales, culturales y religiosas.
Etapas de un duelo
Teóricamente se han establecido unas 5 etapas del proceso de duelo, aunque no necesariamente todas las personas pasan por esas etapas, ni en el orden secuencial en que se escriben en tratados de tanatología o de psicología. Cada persona tiene características propias de responder a un estímulo interno o externo.
1. Negación
La negación es una reacción que se produce de forma muy habitual inmediatamente después de una pérdida. Cuando aparece la diabetes se pierde un estado de vida y se pasa a otro mucho más incierto en la mente del enfermo. ¿Y por qué a mí me sucede esto?, no puede ser.
2. Ira
A menudo el primer contacto con las emociones tras la negación puede ser en forma de ira. La ira ofusca el pensamiento lógico e impide concentrarse en autocuidarse. La ira es una reacción natural a la pérdida, ya sea la ira contra la causa de la muerte, el difunto, el Dios de su religión, tú mismo o al médico tratante, la aleatoriedad del universo, dijo Kessler.
3. Negociación
Puede ser que si se reconoce que la diabetes no es castigo divino relacionado con su comportamiento, que muchos pacientes llegan a pensar en relación a sus usos y costumbres religiosas y si reciben orientación en relación a que la diabetes en realidad es ocasionada por una carga genética propia de cada individuo y que no se puede ni prever ni evitar, empiecen a negociar que la diabetes o cualquier otro padecimiento forma parte de la vida.
4. Depresión
Se observa con frecuencia estados depresivos, y se pierde el interés por actividades otrora agradables: sociales, deportivas, laborales, familiares, incluso algunos diabéticos sienten como si fuesen de Guanajuato, donde “la vida no vale nada” y rumian hasta el suicidio. De hecho, muchos pacientes que han muerto, por ejemplo de coma diabético, una complicación aguda con elevación grave del azúcar y trastornos hidroelectrolíticos graves, en realidad “se abandonaron” y ese abandono depresivo los condujo a la muerte. Esas muertes serían evitables si a los diabéticos les ofrecieran terapia de grupo, como la que reciben los Alcohólicos Anónimos (muchos no tan anónimos).
5. Aceptación
La aceptación no significa que te parezca bien que tu ser querido se haya ido o que sea bueno padecer diabetes. Solo significa aceptar la nueva realidad de la vida con diabetes. “Soy diabético y no dejaré que la diabetes me impida disfrutar de una vida plena”.
A muchas personas con diabetes su afección las hace sentir culpables y angustiadas. El sentimiento de culpa puede ser una barrera para manejar la diabetes y aceptarla con el fin de aprender a vivir con la enfermedad.
Efectos emocionales del duelo
Con frecuencia observo diabéticos de muchos años de evolución, que no se concentran en cuidarse a sí mismos, a pesar de tomar tal o cual fármaco para la diabetes durante muchos años no tienen presente ni la dosis ni el nombre del medicamento, porque relegan su cuidado al cónyuge o a los hijos, quienes se ven obligados a “cuidar a su enfermo”, es decir, se establece una relación de codependencia: el o la diabética piensan que deben ser atendidos por sus seres queridos y estos piensan que efectivamente así debe ser.
La codependencia es un problema emocional caracterizado por una dependencia afectiva obsesiva hacia otra persona y su relación con esta. Este tipo de relaciones disfuncionales codependientes son frecuentes en familiares que cuidan de enfermos crónicos, discapacitados, alcohólicos o drogodependientes. Es una dependencia mutua, una relación pasivo-dependiente, en ocasiones tan nociva que si el o la diabética no controlan su azúcar tienen complicaciones y le atribuyen la culpa a quien los cuida.
Bien dice el Filósofo de Güémez, es de humanos equivocarse, pero es más humano echarle la culpa a otro.
De hecho, he observado casos dramáticos en este tipo de relación enfermo-cuidador: al tratar de orientar, educar para transformar esa relación tóxica, he descubierto que quien más necesita tratamiento emocional es el cuidador del diabético, no el diabético. Este es el llamado “síndrome del cuidador”, casos muy frecuentes en quienes cuidan a sus familiares durante varios años por enfermedades crónico-degenerativas.
Pero para que el cuidador cambie la mentalidad del enfermo, primero debe cambiar el cuidador, es muy complicado por nuestra cultura de la obediencia ciega: obedecer al progenitor (a), al hermano mayor, al maestro de escuela, al pastor de la iglesia, al jefe… por lo que reitero, la mejor estrategia para el tratamiento del diabético sería la terapia preventiva en grupo, muy escasamente utilizada en nuestro medio donde predomina la medicina curativa, por demás comercial.
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