Esperanza o más de lo mismo

La jornada electoral del domingo en Poza Rica no dejó lugar a dudas, y el gran triunfador no fue ningún partido ni candidato, sino el hartazgo de la ciudadanía. Ese que se acumula elección tras elección, entre promesas rotas, gestiones mediocres y la persistente desconfianza en un sistema político que parece más preocupado por repartirse el poder que por atender al pueblo.

Los números son fríos y reveladores. De acuerdo con el padrón y la lista nominal del INE, en Poza Rica estaban llamados a votar 146 mil 244 ciudadanos. Sin embargo, solo el 39 por ciento salió a las urnas, de acuerdo con el OPLE, arrojando un total de apenas 54 mil 380 sufragios. Ni siquiera la mitad del electorado participó.

Eso, más que una cifra, es una sentencia de la población, pues la mayoría decidió no votar. Una vez más, como lo advertimos en este espacio, el fantasma del abstencionismo se hizo presente… y con fuerza.

No por falta de logística, ni de información, sino por la profunda desconexión entre la clase política y la ciudadanía. Porque mientras los candidatos lanzaban promesas recicladas y sostenían una lucha de lodo en las redes sociales, los ciudadanos contaban sus desencantos.

Y el resultado fue una raquítica votación. El candidato ganador apenas obtuvo 16 mil 552 votos, seguido por la alianza Morena-Verde con 14 mil 076, el PAN con 12 mil 948, el PT con 6 mil 394 y el PRI con apenas 2 mil 662 sufragios.

Ninguno representa una mayoría real, ni siquiera una fracción sólida del padrón. Estos resultados deben ser una llamada de atención seria para partidos y autoridades electorales. No se trata solo de ganar elecciones, sino de recuperar la confianza de la gente, que ya está harta de politiquillos cuya única ambición es llegar al poder para enriquecerse, candidatos de bajo perfil y gobiernos corruptos.

El pueblo, ese que quita y pone, ya no cree, ya no escucha, ya no espera. Si la política no se transforma, si los partidos no entienden que la apatía es un grito de protesta silencioso, el abstencionismo seguirá gobernando desde las sombras. Porque cuando el pueblo deja de votar, no es que no le importe, es que ya no encuentra por quién hacerlo.