En Poza Rica, el poder ha tenido ciclos largos y, en ocasiones, traicioneros. Tras más de medio siglo de dominio priista, hubo que esperar 54 años para que la ciudad volviera a ser gobernada por un alcalde surgido de la oposición, entre comillas.
Aquel hecho histórico no se puede contar sin mencionar el nombre de Guadalupe Velázquez Casanova, figura clave en la política local que, en 2004, rompió el molde y las estructuras partidistas.
Ese año, Velázquez buscó la candidatura del PRI a la presidencia municipal, respaldado por una base sólida y mayoritaria. Pero los dados estaban cargados y el partido decidió imponer a Norma Anaya Orta, hoy morenista de hueso colorado y una de las principales operadoras del partido guinda en la región.
Lo que siguió fue una jugada política que cambiaría el rumbo de la elección. Guadalupe Velázquez, en una decisión de última hora, rompió con el PRI, llevó su proyecto al PAN y, contra todo pronóstico, venció en una elección cerrada y polarizada.
La ciudadanía lo respaldó. El mensaje fue claro: el pueblo no perdona las imposiciones.
Hoy, hay quienes quieren ver en el actual proceso electoral una situación similar a aquel capítulo. Pero las condiciones han cambiado radicalmente.
Si bien las fracturas y disputas internas entre partidos de oposición existen, la realidad electoral muestra un panorama completamente distinto.
Con menos de dos semanas para que concluyan las campañas, las encuestas serias, no las “patito” e inventadas, colocan a la candidata de Morena, Adanely Rodríguez, con una ventaja amplia y sostenida. Tan clara es la tendencia, que incluso dentro de las propias filas de la oposición hay voces que reconocen que el tiempo apremia y será muy difícil revertir el marcador.
Eso sí, hay que tener memoria. En los tiempos de Velázquez Casanova el arrastre popular era evidente y orgánico. Hoy, buena parte del electorado no termina de identificar al resto de los candidatos, lo que reduce considerablemente sus posibilidades de crecimiento en estos últimos días.
Aquí no se trata de hacerle el juego a nadie. Las cifras son frías y, aunque aún no está dicha la última palabra, todo indica que la mayoría de los votantes ya tomó una decisión. En política, lo sabemos bien, del plato a la boca a veces se cae la sopa, pero cuando la ventaja es tan marcada, hasta los tropiezos saben a victoria anticipada.
