EN EL EXTREMO

Por JAVIER IVÁN MARÍN MIRANDA
La salida de Crisanto Grajales Valencia de la dirección del Instituto Veracruzano del Deporte no puede verse únicamente como un cambio más. Se va un hombre que conoce perfectamente lo que significa ser atleta, representar a Veracruz y luchar durante años por alcanzar la máxima competencia. Precisamente por eso, lo ocurrido durante su gestión resulta todavía más difícil de entender.
Crisanto no es cualquier personaje del deporte veracruzano. El xalapeño construyó una trayectoria extraordinaria dentro del triatlón mexicano y representó al país en cuatro Juegos Olímpicos: Londres 2012, Río 2016, Tokio 2020 y París 2024. Conoció los sacrificios, entrenamientos, viajes y necesidades económicas que enfrenta un deportista de alto rendimiento.
Por eso su llegada al IVD generó expectativas. Parecía lógico pensar que un atleta entendería mejor que nadie a los atletas.
La deuda más dolorosa de este periodo quedó con aquellos deportistas y entrenadores que tuvieron que levantar la voz para exigir algo tan elemental como recibir sus estímulos económicos.
Cerca de 500 atletas y entrenadores denunciaron atrasos de hasta tres meses. Poco importa para ellos si el problema estaba en el IVD, Educación, Finanzas o perdido entre trámites burocráticos. El atleta entrena hoy, compite hoy, necesita transportarse, alimentarse y comprar material hoy.
Un estímulo que llega tres meses tarde deja de ser apoyo para convertirse en deuda.
También resulta preocupante que atletas que acudieron a competencias nacionales CONADE lo hicieran sin los uniformes oficiales. Jóvenes que consiguieron su lugar representando a Veracruz terminaron padeciendo situaciones que simplemente no deberían ocurrir.
No se puede hablar de respaldo al deporte únicamente en discursos, fotografías o ceremonias. El verdadero apoyo aparece cuando el atleta necesita viajar, recibir material o cuando llega la fecha para cobrar su estímulo.
La gobernadora Rocío Nahle ordenó una auditoría para conocer qué ocurrió con los beneficiarios y dónde se atoraron los recursos. Será esa revisión la que determine responsabilidades. Tampoco sería correcto cargar automáticamente toda la culpa sobre una sola persona sin conocer los resultados.
Su trayectoria deportiva merece respeto y cuatro Juegos Olímpicos no se borran por ocupar un cargo público. Sin embargo, los resultados como atleta tampoco pueden convertirse en escudo para evaluar una gestión administrativa.
Ahora llega Gerardo Balandrano Casas, tercer titular del IVD durante la actual administración. Su primera obligación deberá ser escuchar y después resolver.
Porque los atletas veracruzanos no pueden seguir peregrinando oficinas para recibir apoyos que se ganaron con resultados.
Crisanto Grajales supo durante años lo difícil que era llegar a una meta. En el IVD, lamentablemente, hubo atletas que terminaron compitiendo contra un adversario que jamás debería aparecer en la pista: la burocracia.

Por Redactor1