TAQUICARDIA

POR: FABIÁN MARTÍNEZ
Cuentan las malas lenguas que en política, las bloques entre oposición y gobierno suelen volverse bastante borrosas cuando aparecen los intereses, los acuerdos y, sobre todo, los beneficios. En Poza Rica, esa vieja práctica parece cobrar fuerza con la presencia de tres ediles de extracción panista dentro de un gobierno municipal emanado de Morena.
Linaloe San Román, Yuliet Gallardo Martínez y Juan Francisco Saucedo Betancourt forman parte de ese bloque que, no representa una posición distinta a la del partido gobernante y más bien parecen ser los aliados perfectos.
Sin embargo, en los pasillos del Ayuntamiento cada vez son más frecuentes las voces que cuestionan si realmente existe una oposición firme o si, por el contrario, se trata de una oposición bastante cómoda.
Y es que las llamadas canonjías y los privilegios políticos siempre generan suspicacias. Cuando quienes deberían representar una postura crítica de oposición terminan caminando de la mano con el gobierno en turno.
En este escenario aparece también el nombre del secretario del Ayuntamiento, Roberto López Almora, a quien se le atribuye experiencia para el cabildeo y la construcción de acuerdos políticos. Y como en política, negociar no es pecado, de hecho, ha sido parte fundamental del ejercicio de gobierno. El problema aparece cuando esos acuerdos se realizan lejos de los reflectores y terminan alimentando la percepción de que la oposición dejó de ser oposición.
Entre los rumores que circulan en el ámbito político local se habla de beneficios relacionados con obra pública, contratos de proveeduría, bonos, préstamos y otras prerrogativas. Hasta ahora, estas versiones deben tomarse como señalamientos y no como hechos comprobados, pues cualquier acusación de esta naturaleza tendría que sustentarse con documentos y pruebas verificables.
Lo que sí resulta políticamente interesante es el comportamiento de estos tres regidores y la manera en que se relacionan con el Gobierno Municipal. Porque si son oposición, deberían ser capaces de explicar públicamente sus acuerdos, sus votos y sus posiciones; y si existen negociaciones políticas, también sería saludable que la ciudadanía conociera cuáles son sus alcances.
Ahora que de cara al próximo proceso electoral, Morena sabe que el escenario político en Poza Rica y la región podría complicarse. Mientras Morena y Movimiento Ciudadano han protagonizado una intensa disputa política y mediática, el PAN ha intentado aprovechar el desgaste de sus adversarios para presentarse como una alternativa electoral.
El resultado de la última elección dejó una lectura que no debería pasar inadvertida, aunque el panismo no habría realizado una campaña con la intensidad de otros partidos, estuvo cerca de dar la sorpresa. Y en política, cuando un partido descubre que tiene capacidad para competir sin hacer demasiado ruido, inmediatamente se convierte en un actor que todos quieren tener de su lado.
De ahí que no resulte descabellado pensar que puedan comenzar los acercamientos entre Morena y el PAN rumbo a la elección del próximo año. Si el objetivo es garantizar posiciones y evitar sorpresas en las diputaciones locales y federales, cualquier alianza electoral podría convertirse en una moneda de cambio.
El PAN, por su parte, también parece haber aprendido una vieja lección de la política mexicana, que a veces no hace falta ganar una elección para obtener influencia, poder y beneficios. Basta con tener los votos suficientes para convertirse en un actor necesario en las negociaciones.
Porque mientras unos hablan de oposición, otros hablan de acuerdos; mientras algunos militantes cuestionan las negociaciones, otros las defienden como parte natural de la política. El ciudadano, entretanto, observa cómo los colores partidistas pueden cambiar de posición cuando llega la hora de repartir responsabilidades, espacios y decisiones.
Al final, habrá que esperar para saber si existe realmente un bloque opositor en Poza Rica o si estamos frente a una oposición de terciopelo, de esas que levantan la voz frente al micrófono, pero saben bajar el tono cuando llega la hora de negociar.
Porque en el caso del PAN, ya se vio que al partido no le interesa ganar elecciones, si no simplemente que los dirigentes y quienes se han adueñado de ese partido sigan recibiendo los privilegios que hasta ahora mantienen.

Por Redactor1