EN EL EXTREMO

POR JAVIER MARÍN

Si hay un rubro que ha quedado a deber en la actual administración municipal de Tihuatlán es el deporte. A casi un año de gobierno, la realidad en las canchas, campos y unidades deportivas contrasta con los discursos de apoyo a la activación física y al impulso de los jóvenes.

La principal muestra de ello es que, hoy por hoy, el municipio ni siquiera cuenta con un titular formal del Consejo Municipal del Deporte (COMUDE). Una dependencia que debería ser el vínculo entre el Ayuntamiento y la comunidad deportiva se encuentra prácticamente acéfala y operando sin rumbo definido.

Primero estuvo Roberto Ramírez, quien, por diversas circunstancias, no logró consolidar un proyecto que atendiera las necesidades del deporte municipal. Posteriormente la responsabilidad recayó en la profesora Karen Vite, y actualmente la coordinación está en manos de Adriana del Carmen Santos, quien es la secretaria de la regiduría primera, Zita Loya.

Más allá de los nombres, el problema de fondo es que el deporte requiere perfiles con conocimiento, gestión y cercanía con los deportistas, no simples encargos administrativos.

Las quejas no son aisladas. Patronatos de campos deportivos, promotores, ligas y atletas de distintas disciplinas han manifestado en repetidas ocasiones el abandono institucional. Falta organización, mantenimiento de espacios, respaldo a eventos y, sobre todo, una autoridad que escuche y atienda.

Hace apenas unos días me tocó vivir una escena que retrata perfectamente esta realidad. Asistí a la final de un torneo de futbol rápido en la cabecera municipal y, para sorpresa de todos, no había ningún representante del Ayuntamiento ni del COMUDE para realizar la premiación. Al final, fui yo quien terminó entregando los trofeos a los campeones. No lo hice buscando protagonismo, sino por invitación de los organizadores. Sin embargo, ese momento deja una pregunta inevitable: ¿dónde estaba la autoridad deportiva del municipio?

La administración que encabeza Raúl Hernández Gallardo tiene la oportunidad de corregir el rumbo, nombrar a un responsable con experiencia y construir una verdadera política deportiva.

Porque el deporte no se atiende con improvisaciones. Se trabaja todos los días, en la cancha, escuchando a quienes la viven y entendiendo que cada torneo, cada campo y cada deportista representan una oportunidad para fortalecer el tejido social.

Mientras eso no ocurra, el deporte de Tihuatlán seguirá jugando el partido más difícil: el del abandono institucional.

Por Redactor1