Yatrogenia

Dr. Ignacio Espinosa. Médico Internista. Tels. 782 8226352 y 7828880056.

La decisión médica es una responsabilidad importante del profesional y surge en cualquier etapa de la evolución diagnóstica y terapéutica. Comprende la solicitud de que se practiquen más estudios, peticiones de consulta y decisiones sobre el tratamiento y el pronóstico. Obliga a tener un conocimiento profundo de la fisiopatología y la evolución de la enfermedad.

Las decisiones clínicas deben basarse en evidencias y en la experiencia personal, de tal manera que los pacientes obtengan el beneficio pleno de ese tipo de conocimientos que adquieren los médicos. Plantear un diagnóstico diferencial, además de obligar a contar con una base amplia de datos, exige la capacidad de valorar las probabilidades relativas de que surjan algunas enfermedades.

La aplicación del método científico, en especial el planteamiento de hipótesis y la reunión de datos, es esencial en la tarea de aceptar o rechazar un diagnóstico particular. El análisis de los diagnósticos diferenciales es una situación reiterativa. Conforme se acumulan nuevos datos o resultados de estudios, el número de cuadros patológicos por considerar puede disminuir o ampliarse de modo apropiado.

A pesar de la importancia de la medicina basada en evidencias, gran parte de las decisiones clínicas se basan en el buen criterio del médico, proceso que es difícil de cuantificar o incluso valorar de manera cualitativa.

Sus conocimientos y experiencia tienen que servir de base para comparar factores conocidos, junto con las incertidumbres inevitables y la necesidad de usar un juicio intelectual firme. Esta síntesis de información es en particular importante cuando no se cuenta con una base de pruebas de gran peso.

Los métodos diagnósticos disminuyen la incertidumbre respecto del diagnóstico o el pronóstico en una persona particular y ayudan al médico a seleccionar el mejor tratamiento para la enfermedad. La serie de métodos diagnósticos complementa los datos del interrogatorio y de la exploración física.

Caso clínico ejemplar: colitis vs. colecistitis.

Una mujer se presentó muy alarmada, mostrándome un buen fajo de estudios de ultrasonido y de sangre para que le verificara si tenía o no colecistitis (inflamación de la vesícula) o colitis, pues se quejaba de dolor abdominal de unos tres meses de evolución y en cinco entrevistas médicas no había solución satisfactoria para el diagnóstico y tratamiento de su dolencia, después de unas cuatro consultas y 15 a 20 fármacos diferentes.

Interrogué y exploré a la paciente antes de revisar los estudios: tenía dolor localizado en el hipocondrio derecho, el área en que se proyecta la vesícula, hígado y colon, de intensidad leve a moderada, de tipo pesadez, que se irradia hacia el centro del abdomen, se acompaña de estreñimiento hasta de dos días sin defecar y al lograr defecar el dolor disminuye pero aumenta cuando come, no se acompaña de fiebre ni vómito y al palpar el abdomen se verifica la localización mencionada, pero se presenta el dolor al palpar todo el trayecto del colon más sensible en el lado izquierdo y a la auscultación los movimientos intestinales aumentados.

_Estas características sugieren que usted padece de estreñimiento, que es la causa del dolor en todo el colon inflamado. Le explique a ella y su familia.
_Pero me dicen que en el ultrasonido sale la vesícula inflamada de paredes gruesas y que esa puede ser la causa del dolor. Vea los estudios, ahí dice eso.
Casi me ordenaron con un tono de exigencia.

Revisé los estudios, en efecto, el reporte del ultrasonido decía: “Vesícula de paredes gruesas de 3-4 milímetros por inflamación de la vesícula, sin litos en su interior”. Los demás estudios de sangre eran varios sobres, repetidos muchos de esos estudios, todos dentro de rangos normales en pruebas de riñones, hígado, tiroides, azúcar, hemoglobina. Ningún dato relevante.

Lo importante es que en el ultrasonido no reportan litiasis, piedras o cálculos en la vesícula, que es la causa de dolor e inflamación de la vesícula en el 95% de los casos, al no haber cálculos yo descarto con bastante seguridad, enfermedad alguna de la vesícula. Es muy raro que la vesícula se infecte y se inflame sin cálculos, les expuse.

_Les comento además que los cálculos en la vesícula se diferencian de una colitis por lo siguiente: el dolor se localiza solo en el área de la vesícula pero no se irradia al resto del abdomen sino hacia atrás y a la derecha, es de tipo cólico muy intenso, no se acompaña de estreñimiento, no calma con la defecación, es frecuente que se acompañe de náusea, vómito y fiebre, y derrame leve de bilis en la sangre (ictericia).

Y por otra parte, el reporte de la pared de la vesícula de 3-4 milímetros de grosor en realidad es irrelevante, porque normalmente se reporta un grosor menor de 3 milímetros, y este dato sin los otros mencionados no es concluyente para afirmar que la causa de sus males es la vesícula.
Se tomó una decisión entre médico y paciente.

Finalmente, respondiendo a todas sus dudas, con esta orientación y comparación (diagnóstico diferencial) se convencieron que el problema principal era el estreñimiento, para el cual, de los 15 o 20 medicamentos prescritos, ninguno de ellos estaba dirigido a corregir el estreñimiento, causante del dolor y la inflamación abdominal.

Todos los medicamentos, incluso antibióticos y antiamibianos, estaban encaminados a calmar solo el dolor y la inflamación, que no era por infección.

En quince días con dos medicamentos, un antiespasmódico intestinal de los que ya le habían indicado y un concentrado de fibra para ablandar el excremento se logró que evacuara un par de veces al día, excremento blando de fácil expulsión y en cantidad suficiente; se consiguió corregir las molestias a un costo mínimo, mucho menos de los 30-40 mil pesos que habían invertido en los meses previos.

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Por ALF