No cabe duda que en política, como en la vida, hay quienes corretean la liebre y no la atrapan, y otros, sin mover un dedo, la alcanzan sin despeinarse. Poza Rica es ejemplo claro de esta cruel paradoja. Ayer hablábamos de la que muchos consideran la peor comuna en la historia reciente del municipio, la que actualmente sigue en funciones.
Pero todo apunta a que la próxima administración, que iniciará el 1 de enero de 2026, no se quedará atrás, ni en ineptitud ni en desvergüenza.
Y es que los regidores “de oposición” que llegarán al cabildo lo harán sin trayectoria, sin trabajo territorial y sin méritos reales. Figuras improvisadas, colocadas ahí más por suerte o por el famoso “padrinazgo” político, que por representar a alguien o tener vocación de servicio.
Un caso emblemático es el de Blanca de la Cruz Espino, una aprendiz de política que obtuvo una regiduría con apenas 2 mil votos. No hizo campaña, no construyó base, simplemente tuvo la suerte de estar en el lugar correcto, con el padrino correcto que es nada más y nada menos que el dirigente local del PRI, Abel Adrián Delgado Tadeo, con quien además mantiene una relación sentimental que le terminó asegurando un puesto con un salario de más de 100 mil pesos mensuales, algo que seguramente nunca imaginó alcanzar.
Mientras tanto, perfiles mucho más sólidos y con verdadera trayectoria, como la licenciada Nora Bertha Chávez Montoya, optaron por abandonar el ya moribundo PRI, cansadas de las imposiciones y la presunta corrupción que se ha prevalecido bajo la dirigencia de Delgado Tadeo. Su salida no solo dejó al partido en ruinas, sino que terminó por cavar su tumba en Poza Rica, pues otras muchas mujeres ya no están con el PRI.
Como diría la canción de Elefante, “Así es la vida de caprichosa”. Porque mientras Blanca de la Cruz se gana la lotería sin comprar boleto, el verdadero regidor será su pareja, el “primer damo” del cabildo.
Abel Adrián Delgado seguirá moviendo los hilos desde las sombras, como ha hecho por años, manteniéndose en la nómina pública a costa de un partido al que exprimió hasta dejarlo sin una gota de dignidad.
El PRI en Poza Rica, digámoslo claro, ya no existe. Lo que queda son solo los restos de una maquinaria oxidada, usada ahora como trampolín para intereses personales, sin ideología, sin estructura y sin futuro.
Y así, la oposición en el próximo cabildo nacerá muerta, sin capacidad de fiscalización, sin autoridad moral y, peor aún, con marionetas al servicio de quien nunca ha soltado los hilos del poder interno, como el caso de la regidora electa del PRI, Blanca de la Cruz Espino.
