Esperanza o más de lo mismo

Todo indica que el sueño dorado de Óscar Jesús Galicia, autoproclamado “asesor único” del fallido candidato de Movimiento Ciudadano (MC) a la alcaldía de Poza Rica, Emilio Olvera, llegó a su fin… y no precisamente en un Mercedes Benz.

Y es que Galicia, quien se llegó a sentir el verdadero “presidentito” tras bambalinas, creyó haber encontrado la mina de oro perfecta en un candidato fácilmente manipulable, un presupuesto aún sin ejercer y una ciudad entera por conquistar desde la sombra. Pero, como suele ocurrir con los castillos construidos sobre arena: el derrumbe fue inevitable.

Dicen en los pasillos que lo primero que hizo este “asesor de alta gama” fue cambiarle el guardarropa a Emilio Olvera, para que no se viera como “alcalde de rancho”, como él mismo expresaba. De ahí lo llevó de gira por algunos estados, incluyendo Oaxaca, donde lo más relevante de cada parada no fueron las reuniones políticas, sino las cuentas de las borracheras por varios miles de pesos que, según testigos, él mismo alentaba y disfrutaba a lo grande.

Con tres supuestos Mercedes Benz a cuestas y un ego del tamaño del proyecto político que intentaba controlar, Óscar Galicia se sintió en algún momento más importante que el propio candidato. Incluso, no era raro escuchar que ya se veía como el próximo alcalde “de facto”, moviendo los hilos desde la comodidad del presupuesto.

Pero la historia cambió radicalmente cuando su estilo prepotente y autoritario comenzó a fracturar al equipo que originalmente arropaba a Emilio Olvera. Figuras clave como David Rivas, Nora Zertuche y María del Carmen Carballo fueron desplazadas sin contemplación alguna. El resultado fue un equipo dividido, desilusionado y finalmente, desarticulado.

Y como si eso no fuera suficiente, Óscar Galicia terminó enfrentado hasta con los medios de comunicación. A varios periodistas les quedó a deber espacios publicitarios previamente pactados, con el argumento de que “ya no hay recursos”, una vez que todo comenzó a naufragar. Todo un clásico: prometer en la abundancia, desaparecer en la crisis.

Hoy, Óscar Galicia parece estar recogiendo sus cosas. La mina se secó, el candidato quedó solo y sin brújula, y el supuesto estratega se perfila para abandonar el escenario con una mano atrás y otra adelante. Si su plan era vivir cuatro años del erario de todos los pozarricenses, sus sueños —y sus Mercedes Benz— tendrán que esperar otra oportunidad.

Porque al final del día, su ambición desmedida lo cegó, su oportunismo lo traicionó y su soberbia le impidió entender que no se gobierna con trajes caros, sino con carácter, visión y respeto por quienes te rodean.