En Poza Rica hay quienes ya se sienten estrenando escritorio y camioneta oficial en la próxima administración municipal: los “volados” de siempre, esos que en cada cambio de gobierno se adelantan para meter presión, aparecer en la foto y hacer creer que tienen asegurado un “hueso”… pero esta vez la realidad tiene que ser distinta.
Según fuentes cercanas a la alcaldesa electa Adanely Rodríguez, la instrucción ha sido clara y directa: hasta hoy no hay nada para nadie. Ni nombramientos, ni promesas, ni acuerdos disfrazados; todo quedará definido como marca la ley, hasta que se realice la primera sesión de Cabildo, momento en el que se determinará quiénes ocuparán los puestos clave, como Secretaría, Tesorería, Oficialía Mayor, Contraloría, así como las direcciones que sostendrán el andamiaje de su gobierno.
Aún así, en los pasillos políticos circula una versión que prende focos rojos: la nueva administración podría heredar hasta el 80 por ciento de los empleados de confianza del gobierno saliente. De ser cierto, sería un error monumental; no solo por la falta de resultados que muchos dejaron en el camino, sino porque, según se comenta, la mayoría no movió un dedo por el triunfo de Adanely Rodríguez. Peor aún, algunos ni siquiera habrían votado por ella.
Y no es un dato menor. Cualquiera que entienda la política local sabe que un gobierno se sostiene, en buena medida, en su primer círculo, ese grupo de funcionarios estratégicos que deben ser de absoluta confianza, leales y alineados al proyecto; de lo contrario, no solo pueden entorpecer el trabajo, sino hacer la vida imposible a la alcaldesa y bloquear el verdadero cambio que Poza Rica espera.
Adanely Rodríguez no es ajena a este riesgo. Quienes la conocen destacan que es una mujer inteligente, prudente y firme, consciente de que la gobernabilidad comienza con un equipo propio, capaz y comprometido; los compromisos existen, como en toda campaña, pero al final quien gobernará a partir del 1 de enero es ella, y solo ella deberá decidir a quién llevar de su lado.
Ojalá no acepte imposiciones ni presiones de nadie; el arranque de una administración marca su destino, y Poza Rica no está para repetir viejos errores. Mientras tanto, no debe olvidar que la pelota está en su cancha.






