En Poza Rica, el tiempo corre y a los ciudadanos les quedan menos de 30 días para analizar con seriedad cada una de las propuestas que los candidatos a la presidencia municipal están comenzando a ofrecer dentro de sus respectivas plataformas políticas.
No es tiempo de improvisaciones, ni de votos por costumbre o por emoción. Los pozarricenses ya tuvieron cuatro años para evaluar realidades, comparar discursos con resultados y, si algo aprendimos, es que las promesas huecas solo generan frustración colectiva.
Ya es evidente que no hubo Parque Acuático, ni Parque de Beisbol, ni Plaza comercial, ni Teleférico, ni Maquiladoras, ni Inversiones japonesas, como se llegó a anunciar con bombo y platillo. Lo que sí llegó y creció sin freno fue la inseguridad, el desempleo, la violencia, y en contraste, la proliferación de bares y cantinas que hoy pintan un paisaje urbano muy alejado de aquel Poza Rica pujante y con vocación industrial.
Entonces, cabe preguntar a los ciudadanos si vamos a seguir tropezando con la misma piedra. Porque si algo ha quedado claro es que la demagogia vuelve cada que hay elecciones.
Promesas recicladas, proyectos inflados y candidatos que creen que una lona o un evento masivo pueden sustituir la falta de preparación y visión de gobierno.
Razonar el voto hoy no es un lujo, es una obligación. Y hacerlo implica identificar propuestas reales, con sustento y con una ruta clara para atender las verdaderas problemáticas del municipio como son: la inseguridad, falta de empleos, abandono de infraestructura, desorden urbano y ausencia de inversión productiva.
Poza Rica no puede permitirse otro periodo de retroceso. Lo que alguna vez fue un polo de desarrollo en la zona norte hoy se ve estancado, desgastado y desmotivado. Esa decadencia no llegó sola, fue provocada por malos gobiernos y por ciudadanos que, en algunos casos, decidieron no involucrarse o simplemente no votar con conciencia.
Hoy, más que nunca, el destino de Poza Rica está en manos de su gente. Que el próximo alcalde o alcaldesa tenga, al menos, la madurez política, el conocimiento real del municipio y la capacidad de gestión para encabezar un verdadero proyecto de recuperación del municipio.
