Poza Rica ya no está para improvisaciones

¿QUIÉN MANDA EN LAS CALLES DE P.R.?

Poza Rica vive un momento crucial. La ciudad que durante 4 años soportó la intransigencia, la soberbia y la prepotencia de varios funcionarios de la administración saliente, hoy enfrenta la oportunidad de un cambio real.

Porque cuando la cabeza está mal, el resto del cuerpo inevitablemente se descompone. Y eso es exactamente lo que vivieron los ciudadanos en los últimos cuatro años: funcionarios con dinero, pero sin educación ni don de gente, capaces solo de generar miseria, pobreza y marginación.

El pueblo ya se cansó de patanes; ya quedó claro que el tener recursos económicos no garantiza valores, ni capacidad de gobernar, ni sensibilidad hacia la ciudadanía. La lección para el próximo gobierno es evidente: no se puede dar lo que no se tiene, y la falta de formación y ética en quienes administran el dinero público trae consecuencias tangibles y dolorosas para la comunidad.

Uno de los males más visibles, y quizá el más irritante, es el manejo de la basura. Poza Rica paga casi 5 millones de pesos mensuales a la empresa Discricar por la recolección de desechos; en dos años, eso suma alrededor de 120 millones de pesos. Sin embargo, las calles permanecen llenas de montones de basura.

Mentir sería culpar a los ciudadanos de la falta de limpieza; los vecinos cumplen con su parte, pagan impuestos y esperan que la empresa haga su trabajo, pero cuando la incapacidad se combina con intereses ocultos, el resultado es evidente: desorden, suciedad y frustración ciudadana.

El negocio de la basura no es un asunto menor. Se rumora que la concesión de Discricar podría extenderse hasta 15 años, consolidando un negocio millonario que, de forma directa o indirecta, influye en decisiones políticas y administrativas; es un secreto a voces que los intereses detrás de este contrato son poderosos, y que cualquier intento de corregir el rumbo enfrentará resistencias.

La esperanza para Poza Rica radica en aprender de estos errores. Es por eso que la nueva administración deberá atacar los males desde la raíz, empezando por lo más urgente, que es garantizar servicios públicos eficientes, transparentes y justos. Rescindir contratos cuando no se cumplen, fiscalizar cada peso de los recursos públicos y recuperar la confianza ciudadana son pasos imprescindibles para demostrar que el cambio no es solo un eslogan, sino una responsabilidad real.

Y es que Poza Rica ya sabe lo que no quiere… Lo que sigue ahora es definir qué está dispuesta a exigir, para que la historia no se repita.