Esperanza o más de lo mismo

En esta semana que está por concluir, la gobernadora Rocío Nahle hizo un anuncio importante sobre una inversión millonaria en infraestructura hospitalaria para el estado de Veracruz: más de 2 mil millones de pesos destinados a mejorar los servicios de salud.

Sin embargo, en Poza Rica la noticia no cayó del todo bien. Y no fue para menos, de tantos millones de pesos, ni un solo peso de esa bolsa será destinado al municipio. Y no es que queramos ser aves de mal agüero, pero todo parece indicar que la relación entre la administración estatal y Poza Rica se ha enfriado peor que en el Polo Norte.

Primero, el fallido proyecto de la planta de fertilizantes, prometido y luego descartado, y ahora esta exclusión en la distribución de recursos. Todo esto ocurre, curiosamente, tras la derrota electoral de Morena en el municipio.

Y aunque muchos no lo quieran creer, el asunto de la derrota está pesando mucho, pues Poza Rica era uno de los bastiones más importantes de Morena en la zona norte, es decir, uno de sus trofeos, por lo que les sigue costando trabajo creer la realidad, pues finalmente los mismos morenistas traicionaron a su partido y candidata.

Mientras tanto, otros municipios de la zona norte sí verán reflejada la inversión, es decir, 950 millones para remodelar el Hospital Regional de Tuxpan, además de recursos adicionales para Papantla, Tantoyuca y Martínez de la Torre. El mensaje es claro y duro: Poza Rica no está en el radar de la gobernadora.

El riesgo aquí no es solo político, sino también social. Un municipio que por décadas fue motor económico del norte de Veracruz sigue marginado, como si la factura por haber perdido en las urnas incluyera también el castigo presupuestal.

Si los recursos provienen del gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, habría que preguntarse si fue decisión exclusiva del estado dejarnos fuera, o simplemente no hay quién levante la mano por Poza Rica.

Lo cierto es que, de no cambiar la situación, Poza Rica podría quedarse otros cuatro años en la congeladora. A menos, claro, que se logren gestionar recursos por otras vías, sin intervención del gobierno estatal, algo que, seamos realistas, no será nada fácil en un entorno donde las decisiones políticas pesan más, que las necesidades sociales.

Ojalá nos equivoquemos, pero todo apunta a que Poza Rica está pagando los costos de su voto y con el presupuesto en juego.