El incierto regreso a la escuela
Enrique Fernández Ramírez
El próximo lunes se inicia oficialmente el ciclo escolar 2021-2022. Habían dicho que se regresaría a clases presenciales el 30 de agosto “llueva, truene o relampaguee”. Sin embargo esto no se cumplirá en gran parte de la república que resultó afectada por el huracán Grace. El presidente de la república no previó este huracán en su advertencia. Así que, la naturaleza proporciona lecciones de humildad política y hace quedar cortos a los gobiernos en su soberbia autoritaria. El inicio de las clases presenciales tendrá que esperar, al menos en 65 de los 212 municipios del estado de Veracruz devastados por el meteoro.
Son incontables los daños provocados por este huracán en los plantíos agrícolas, en viviendas, en las redes de energía eléctrica, en las telecomunicaciones, en las vías de comunicación, en el comercio, en viviendas y edificios escolares. De igual forma muchos padres de familia, estudiantes y maestros se encuentran damnificados en sus viviendas , y están aplicados en las labores de reparación. En tanto que, la mayoría de las escuelas sufrieron severos daños y no se encuentran en condiciones de ser utilizadas en lo inmediato. Primero se tendrán que realizar actividades de reparación, limpieza y mantenimiento.
Es conveniente aprovechar esta prórroga para reflexionar sobre el tipo de escuela y de educación al que regresarán los niños, en cuanto haya condiciones favorables. De ninguna manera debe ser la escuela y educación que se tenía antes de la pandemia. Ha pasado casi año y medio de que las escuelas se cerraron por la contingencia sanitaria. Y el principal motivo para el regreso a clases no debe ser sólo que los niños se encuentren con sus compañeritos para socializar, y subsanar el estrés y la ansiedad a que los tenía sometidos el confinamiento. La educación va más allá de la mera interacción social.
No tiene sentido que los niños abandonen la seguridad sanitaria de su hogar, donde se encuentran protegidos de contagios, y arriesguen su salud y su vida al salir a la calle, si van a encontrarse con la misma escuela. Las mismas rutinas, los mismos rituales, las mismas prácticas pedagógicas, las mismas actitudes, las mismas relaciones maestro-alumno. Como si no hubiera pasado nada.
La pandemia debió habernos dejado aprendizajes fundamentales. Nosotros ya no somos los mismos, después de padecer, sufrir y sobrevivir a la pandemia. Debemos enfrentar la vida con una nueva visión, una nueva filosofía y una actitud más humanista.
La educación no es ajena a este nuevo paradigma y se debe desarrollar con una nueva dinámica de operación. No tiene ningún caso que los niños regresen a clases presenciales a realizar actividades que bien pueden realizar en su casa. Por tal motivo, los maestros deben evitar proponer actividades de realización individual o trabajos mecanicistas y repetitivos, como cuestionarios, listados de palabras, resolución de problemas tipo o ejecución de algoritmos aislados. Así no tiene sentido lo presencial.
Los docentes deben cambiar su metodología didáctica para las clases presenciales, de tal manera que sea verdaderamente imprescindible la presencia de los alumnos en la escuela. De lo contrario ¿Para que regresar a la escuela si van a prevalecer las misma prácticas pedagógicas?
Por otra parte, hay un mar de confusiones en cuanto a las disposiciones oficiales para el regreso a clases. En un principio se dijo que la asistencia era voluntaria, que dependía de la decisión de los padres de familia el enviar o no enviar a sus hijos a la escuela. Después se amplió esa voluntariedad hacia los docentes; si el maestro no quería regresar a la escuela, pues que no regrese, no pasa nada.
Lo mismo pasó con la famosa carta responsiva que se presentó entre los diez puntos del documento del regreso a clases, y que provocó bastante polémica e inconformidad entre maestros y padres de familia. Como consecuencia de ello, la secretaria de educación dijo que la carta responsiva que publicaron los medios era falsa. El desenlace y solución del conflicto fue que este documento se eliminó oficialmente. Y de los diez puntos que quedaban, ya solo quedan nueve.
El regreso a la escuela será como los llamados a misa, va asistir el que tenga voluntad y no se presentará quien no desee asistir. Habrá un verdadero desorden si se deja a la voluntad de padres de familia y maestros. Nada por la fuerza, todo por la razón, ha dicho el presidente. Pero como van las cosas, se avecina una anarquía total en este regreso a clases, que por lo visto será caótico.
Por si fuera poco, el acuerdo 23/08/2021 publicado en el Diario Oficial de la Federación, en el que se establecen las disposiciones oficiales para el desarrollo del ciclo escolar 2021-2022, aporta más elementos para la confusión, sobre todo en lo relacionado con la atención a los alumnos que opten por no asistir a las clases presenciales.
No hay que olvidar que la educación es un todo integral y sistémico. Si está mal en la forma, necesariamente debe estar mal en el fondo. Si una parte no funciona bien, el todo no funciona correctamente. Se está descuidando, por parte de esta administración, un campo neurálgico del ecosistema socioeconómico, y por lo tanto político, de nuestro país. Se trata nada menos que del motor generador de la luz necesaria para disipar las sombras e iluminar nuestro caminar hacia un horizonte de futuro promisorio. No es poca cosa.
La educación no merece la mala organización de la que está siendo objeto. La educación, por su grandeza y gran valía, es digna de un mejor trato y atención. Nuestros niños, adolescentes y jóvenes tienen derecho a una EDUCACIÓN, así, con mayúsculas.

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