Regreso a clases: sí, pero no así

Enrique Fernández Ramírez

Al igual que el gobierno federal, el magisterio y los padres de familia desean que los niños regresen a la escuela a clases presenciales. Existe la convicción de que el confinamiento de los niños en casa les trae más desventajas que ventajas en su formación académica social, emocional y humana. Nada es comparable al diari encuentro directo con el conocimiento y con los otros niños, mediante los procesos de mediación pedagógica de un docente que en aras del aprendizaje, propicia que los aprendientes descubran cómo está construido y cómo funciona el mundo.

Sin embargo, antes de todas las bondades que el estudio en los salones de clase trae consigo está el fundamento principal que es la vida, la cual es digna de toda protección y preservación. Al no existir las condiciones que den certidumbre enfocada a la protección de la salud, esta premisa es, sin duda, la base sobre la cual se construyen las diversas resistencias, tanto de maestros como de padres de familia, ante el regreso a las aulas. Sobre el derecho a la educación está, evidentemente, el derecho a la vida.

Haber decidido unilateralmente desde el centro el regreso a clases presenciales en pleno ascenso de la ola de contagios, en el momento más crítico, es desde donde se le quiera ver, de una irresponsabilidad enorme, por decirlo suavemente. No obstante, para sembrar un poco de tranquilidad, desde el sector salud, han comenzado a propagar información en el sentido de que ya son dos semanas consecutivas en que los datos de la pandemia van a la baja.

Paralelamente, el eslogan del “Quédate en casa” al parecer ya pasó a formar parte de las víctimas del coronavirus, pues ya desapareció de los promocionales que lo recomendaban como una de las principales acciones para contener la pandemia. Seguramente, las autoridades sanitarias consideraron que seguir publicando esta estrategia de “Quédate en casa” entraría en contradicción con la política del regreso a la escuela que están imponiendo.

Ante este entorno, si el gobierno federal no destina un gran apoyo en presupuesto económico para generar las condiciones de seguridad sanitaria para estudiantes, docentes, personal directivo y administrativo, y para la adquisición de insumos de protección e higiene, se pondrá en riesgo la salud de la comunidad escolar.

Porque tal como está planteada la estrategia del regreso a clases, se entiende que serán los propios padres de familia quienes se harán cargo de los insumos sanitarios de sus hijos, es decir, que ellos deberán comprar su gel antibacterial, sus cubrebocas y todo lo que requieran para la protección de su salud. Esto, aparentemente elemental, resultará muy complicado para muchas familias cuyos hijos, a veces , no llevan sus útiles escolares básicos. Si no pueden cumplir con lo esencial, mucho menos les será posible cumplir con los implementos de salud requeridos. El regreso a clases en estas condiciones agudizará severamente las brechas de desigualdad, de por sí ya muy preocupantes.

Por otra parte, el hecho de que el regreso a la escuela sea voluntario para los padres de familia, genera más problemas en lugar de solucionarlos. Si los argumentos que el gobierno federal y la SEP han dado para el retorno a las clases presenciales son convincentes y válidos, deben ser aplicables para toda la población y no sólo para los padres que tengan la voluntad de enviar a sus hijos a la escuela.

¿Por qué los mismos argumentos a favor del regreso a las aulas no aplican para los padres que “voluntariamente” decidirán no enviar a sus hijos a clases presenciales? La narrativa argumental oficial debe ser aplicable para todos o para nadie. No dejarlo a la “voluntad” de quien quiera o no enviar a sus hijos a la escuela. Que sólo las condiciones de salud sean el motivo justificado para no asistir a la escuela. O regresan todos a las aulas, o se sigue trabajando a distancia con todos.

Además, si el regreso a clases es inminente y voluntario, como dice el gobierno, surge otro problema. ¿Quién va a atender a los alumnos cuyos padres voluntariamente decidan no enviarlos a la escuela?

Los maestros regresarán a clases y estarán laborando en los horarios establecidos con los alumnos cuyos padres tuvieron la voluntad de enviarlos a clases presenciales. Con ello los docentes estarán cumpliendo con su jornada laboral. El problema es quién trabajará con los alumnos que optaron por no asistir. Si la SEP esta considerando que deberá ser el mismo docente quien se haga cargo de estos alumnos, deberá tomar en cuenta también que esto implica otra jornada laboral en contraturno. De la misma manera genera para los maestros,  el legítimo derecho a otro salario para esta jornada adicional.

La carga de trabajo para el docente será doble: la jornada de trabajo presencial y la jornada de trabajo virtual o a distancia. Los maestros tendrán que elaborar dos planificaciones, diseñar estrategias didácticas y actividades para las dos modalidades, dar acompañamiento y seguimiento de los aprendizajes de los alumnos para los que asisten a clases y para los que estudian desde casa, evaluación y retroalimentación para ambas formas de estudio. En los hechos, los docentes, tendrán dos grupos de alumnos y dos turnos de trabajo diferentes con un mismo salario. Lo cual es injusto.

Si el gobierno no reconoce esta situación de problemática laboral de los maestros, estaría lesionando seriamente sus derechos laborales e incurriendo en explotación del trabajo docente, por el exceso de trabajo que implica trabajar con las dos modalidades.

Con todo, el problema más grave es el riesgo sanitario. El dilema no es si se regresa a clases o no. El punto es cómo y cuándo se regresa. No se debe regresar cuando estamos en máximo riesgo de contagios. Lo más conveniente sería esperar hasta cuando el semáforo epidemiológico esté en verde, como se había planteado al principio..

Es muy importante atender estas consideraciones, sobre las que muchos maestros, padres de familia, médicos y especialistas han alertado. Las consecuencias de no hacerlo pueden ser lamentables: es muy probable que aumente el índice de ocurrencia de contagios de Covid-19 en niños y población en general.

Regreso a clases presenciales: sí, pero no así

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Por ALF