Álamo, Ver.- Entre el bullicio de las compras en la víspera del Día de las Madres, con gente en fila en las florerías y otros recorriendo zapaterías, boutiques y tiendas departamentales, entre puestos callejeros llenos de colores y el ir y venir de las familias, un pequeño encontró el mejor regalo del mundo.

Una madre regresa a casa acompañada de sus hijos. Con una mano sujetaba cariñosamente a su hija más pequeña; a unos pasos camina el hermano mayor, abrazando con cuidado una planta recién comprada. Es su tesoro.

El niño sonreía orgulloso.

– ¿Qué llevas?
– El regalo para mi mamá

Desde antes ya había elegido aquel obsequio pensando en su madre. No quiso esperar hasta el 10 de mayo. Para él, aquella planta es mucho más que una maceta: es un cofre con un mensaje que dice “te quiero”.

La mujer, emocionada, no podía ocultar su orgullo.

-¿Le gusta, señora?
-¡Bastante!

Su mirada se llena de ternura mientras observaba a su hijo caminar contento. No importaba el tamaño del obsequio ni el precio. El detalle llevaba dentro el cariño más puro, porque hay regalos que no se marchitan jamás.

Por Redactor1