Cuando pensamos en la Copa Mundial de la FIFA 2026, lo primero que viene a la mente son los estadios llenos, las selecciones nacionales, los goles y la pasión que despierta el deporte más popular del planeta. Sin embargo, detrás de cada partido existe una enorme operación que pocas veces es visible para los aficionados: la de la seguridad, la salud y la atención a emergencias.
Por primera vez en la historia, un Mundial será organizado de manera conjunta por tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Nuestro país tendrá nuevamente el privilegio de recibir a miles de visitantes nacionales y extranjeros, convirtiéndose en el primer país en albergar partidos de tres Copas del Mundo distintas. Sin duda, se trata de un acontecimiento histórico que representa una gran oportunidad económica, turística y cultural.
Pero también representa un importante desafío. Se estima que millones de personas se movilizarán entre las distintas sedes mundialistas durante las semanas que dure la competencia. Aunque gran parte de la atención estará centrada en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, el impacto del torneo alcanzará prácticamente todo el territorio nacional. Muchos visitantes aprovecharán su estancia para conocer playas, zonas arqueológicas, pueblos mágicos y diversos destinos turísticos que forman parte de la riqueza cultural de México.
La llegada masiva de visitantes implica una mayor demanda de servicios de transporte, hospedaje, alimentación y atención médica. Cada persona que viaja para asistir a un partido requiere infraestructura capaz de responder ante cualquier eventualidad, desde una lesión menor hasta una emergencia médica que ponga en riesgo la vida.
Las concentraciones masivas de personas siempre representan riesgos que deben ser administrados adecuadamente. El calor, la deshidratación, las enfermedades gastrointestinales, los accidentes viales, las caídas, las emergencias cardiovasculares y las situaciones derivadas de grandes aglomeraciones forman parte de los escenarios que deben contemplarse en cualquier plan de atención.
México ya sabe lo que significa organizar un Mundial. Lo hizo en 1970 y posteriormente en 1986. Ambos eventos dejaron momentos históricos para el futbol mundial, pero también enseñanzas importantes sobre logística, organización y atención a los visitantes. Hoy, cuarenta años después de aquella última experiencia, el reto es diferente. Las ciudades han crecido, la movilidad es más compleja y las expectativas en materia de seguridad y servicios son mucho mayores.
Por ello, la preparación no comienza cuando inicia el torneo. La verdadera preparación ocurre mucho antes. Consiste en capacitar personal, actualizar protocolos, fortalecer sistemas de comunicación, mejorar la coordinación entre instituciones y fomentar una cultura de prevención entre la población.
En este esfuerzo participan autoridades de los tres niveles de gobierno, instituciones de salud, cuerpos de emergencia, bomberos, Protección Civil, fuerzas de seguridad, hospitales, organizaciones de auxilio y miles de voluntarios. Todos forman parte de una red cuyo objetivo es garantizar que tanto visitantes como ciudadanos puedan disfrutar del evento de manera segura.
Entre esas instituciones destaca la labor que históricamente ha realizado la Cruz Roja Mexicana. En eventos masivos, desastres naturales y emergencias de gran magnitud, miles de voluntarios y personal operativo permanecen listos para brindar atención prehospitalaria, primeros auxilios y apoyo humanitario. Aunque pocas veces aparecen frente a las cámaras, su presencia representa una pieza fundamental dentro de cualquier dispositivo de seguridad.
Quienes hemos trabajado durante años en la atención de emergencias sabemos que los grandes eventos requieren mucho más que ambulancias estacionadas en puntos estratégicos. Detrás de cada operativo existen meses de planeación, análisis de riesgos, capacitación y coordinación. Se estudian rutas de evacuación, tiempos de respuesta, hospitales de referencia, sistemas de comunicación y múltiples escenarios que podrían presentarse durante una contingencia.
La experiencia demuestra que la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa para reducir riesgos. Una persona bien informada puede evitar accidentes, reconocer señales de alerta médica y actuar de manera adecuada durante una contingencia. Lo mismo ocurre con las familias, los establecimientos comerciales y los organizadores de eventos.
México cuenta con profesionales altamente capacitados en atención prehospitalaria, rescate, protección civil y manejo de emergencias. Sin embargo, ningún sistema de respuesta puede sustituir la responsabilidad individual. El respeto a las indicaciones de seguridad, el uso responsable de los servicios de emergencia y la adopción de medidas preventivas continúan siendo fundamentales.
Más allá de las ciudades sede, el impacto del Mundial se extenderá a todo el país. Miles de turistas recorrerán carreteras, visitarán destinos turísticos y conocerán distintas regiones de México. Esto significa que la preparación también debe llegar a lugares que, aunque no alberguen partidos, recibirán visitantes atraídos por la celebración mundialista.
Quizá muchas de las acciones que harán posible un Mundial seguro nunca aparezcan en las transmisiones televisivas. No veremos en las repeticiones a los paramédicos que permanecen atentos durante horas, a los bomberos preparados para responder en segundos, a los médicos que coordinan la atención hospitalaria o a los especialistas en Protección Civil que trabajan para prevenir incidentes. Sin embargo, su labor será tan importante como la de cualquier jugador dentro de la cancha.
Y es precisamente ahí donde encontramos una de las mayores lecciones que puede dejarnos este evento. La prevención no es exclusiva de las autoridades o de los cuerpos de emergencia. Es una responsabilidad compartida. Cada ciudadano que respeta una indicación de seguridad, cada conductor que evita manejar bajo los efectos del alcohol, cada persona que aprende primeros auxilios o que reporta correctamente una emergencia está contribuyendo a construir un entorno más seguro.
El Mundial 2026 representa una oportunidad para mostrar al mundo la hospitalidad de nuestro país, pero también nuestra capacidad de organización, prevención y respuesta ante emergencias. Es una oportunidad para demostrar que la seguridad y la salud también forman parte del espectáculo, aunque pocas veces ocupen los titulares.
Cuando el balón comience a rodar, millones de ojos estarán puestos sobre México. Que lo que vean no sea únicamente nuestra pasión por el futbol, sino también nuestro compromiso con la vida, la prevención y el bienestar de quienes nos visitan y de quienes aquí vivimos.
Porque al final, el verdadero éxito de un país anfitrión no solo se mide en los goles anotados, sino en la capacidad de proteger a cada persona que forma parte de la fiesta. La prevención también juega y en ese partido todos somos parte del equipo.
Nos leemos el próximo lunes.
@Llamada de Emergencia.
