Cuando la ambulancia no está… la emergencia tampoco espera

LLAMADA DE EMERGENCIA

Las verdaderas lecciones del Mundial

POR: TUM. Gustavo García Salazar

Cuando termina un Mundial, las conversaciones suelen girar en torno al campeón, al mejor gol, a la atajada inolvidable o a la polémica arbitral. Es normal. El fútbol despierta emociones como pocos acontecimientos en el mundo. Sin embargo, una vez que baja la euforia y el estadio se queda en silencio, vale la pena detenernos a observar algo que pocas personas comentan: todo lo que ocurrió fuera de la cancha para que millones de aficionados disfrutaran del torneo con seguridad.

Porque un Mundial no solo representa una competencia deportiva; también es uno de los ejercicios de organización, coordinación y respuesta a emergencias más grandes del planeta.

Detrás de cada partido hubo miles de personas trabajando para que todo saliera bien. Paramédicos, médicos, enfermeras, bomberos, elementos de Protección Civil, policías, voluntarios de la Cruz Roja, especialistas en manejo de multitudes, operadores de centros de mando y personal de mantenimiento estuvieron atentos durante horas para responder ante cualquier eventualidad.

Y esa es la primera gran lección: la prevención rara vez recibe aplausos, precisamente porque funciona.

Cuando un evento concluye sin incidentes mayores, pocas personas se preguntan por qué. Lo cierto es que detrás de esa aparente normalidad existen meses, e incluso años, de planeación. Se realizan análisis de riesgos, simulacros, planes de evacuación, coordinación entre instituciones, revisión de infraestructura, capacitación del personal y protocolos para enfrentar desde una emergencia médica hasta un fenómeno meteorológico o un incidente de seguridad.

En el mundo de las emergencias solemos decir que el mejor operativo es aquel del que nadie habla, porque significa que todo salió conforme a lo planeado.

Otra enseñanza importante es el valor del trabajo coordinado. Ninguna institución puede enfrentar sola un evento de estas dimensiones. El éxito depende de que cada dependencia conozca perfectamente su función y, sobre todo, de que exista comunicación permanente entre todos los participantes.

Ese modelo de coordinación es el mismo que debe existir cuando enfrentamos huracanes, inundaciones, incendios, accidentes industriales o cualquier otra contingencia. Las emergencias no distinguen colores, uniformes ni jerarquías; exigen cooperación.

México cuenta con profesionales altamente capacitados en atención de emergencias. La experiencia acumulada por Protección Civil, Cruz Roja Mexicana, los cuerpos de bomberos, las Fuerzas Armadas y las instituciones de salud ha permitido responder a terremotos, huracanes, explosiones, inundaciones y eventos masivos reconocidos incluso a nivel internacional.

Pero esa capacidad no apareció de un día para otro.

Es resultado de años de preparación, entrenamiento, disciplina y aprendizaje constante. En las emergencias no existe espacio para la improvisación. Cada segundo cuenta y cada decisión puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

El Mundial también nos recordó la importancia de la cultura de la prevención. Miles de personas siguieron las indicaciones del personal, respetaron rutas de acceso, utilizaron salidas señalizadas y colaboraron con las medidas de seguridad. Esa actitud debería mantenerse en nuestra vida diaria.

Respetar un simulacro, conocer las salidas de emergencia, tener un botiquín en casa, aprender primeros auxilios o saber cómo llamar correctamente a los servicios de emergencia son acciones sencillas que, llegado el momento, pueden salvar vidas.

Finalmente, este torneo dejó una reflexión que pocas veces ocupa los titulares. Mientras millones celebraban un gol, cientos de hombres y mujeres permanecían en guardia. Las ambulancias siguieron atendiendo accidentes, los bomberos continuaron respondiendo incendios y los cuerpos de emergencia permanecieron listos para actuar. Porque las emergencias no se suspenden por un partido, una final o una celebración.

Quizá esa sea la enseñanza más importante que deja este Mundial: detrás de cada gran evento siempre existen personas cuya misión no es levantar una copa, sino proteger vidas.

Ellos no aparecen en las portadas, no reciben medallas ni dan la vuelta olímpica. Su recompensa es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más valiosa: que una familia vuelva completa a casa.

Cuando el balón deja de rodar y las luces del estadio se apagan, queda claro que el verdadero triunfo no siempre se mide en goles. A veces, la victoria más importante consiste en que millones de personas puedan disfrutar una fiesta mundial y regresar con bien. Ese campeonato no tiene trofeo, pero representa el mayor logro al que puede aspirar cualquier institución dedicada a proteger la vida.

Nos leemos el próximo lunes.

@Llamada de Emergencia

Por Redactor1