UN BOXEADOR, UN ESTETA, UN KNOCKOUT Y UNA LEYENDA

Por José Luis Rodriguez Badillo

El boxeo en nuestro país es una de los deportes profesionales que más gloria le ha dado a Mexico; en los años 60’ y 70’s los jerarcas mundiales se contaban por docenas, Vicente Zaldívar, Rubén Olivares, Efrén “El Alacrán” Torres, quien siempre será recordado por sus tres combates épicos, con el tailandés Chartchai Chionoi, Chucho Castillo, José Ángel “El Mantequilla” Nápoles y otros más. Manager de la calidad Arturo “El Cuyo” Hernández, Chucho Cuate quien dirigió al ídolo y leyenda del box Ricardo “Pajarito” Moreno, Lupe Sánchez, Guadalupe Serrano y Cristóbal Rosas, Adolfo “El Negro” Pérez, Pepe Hernández manager del “Toluco” López, Guadalupe “Lupe” Canseco se distinguieron en aquella época de oro. Los gimnasios más acreditados fueron “El Jordán” y “Granada”.

También son dignos de recordar distinguidos hombres protagonistas de pantalón largo y abajo del ring: Don Luis Spota, escritor y presidente de la comisión de lucha libre y box del Distrito Federal, cuyo nombre completo fue Luis Mario Cayetano Spota Saavedra Ruotti Castañares; a los eminentes doctores Gilberto Bolaños-Cacho Martínez y Horacio Ramírez Mercado, médicos de la Comisión de Box quienes sábado a sábado regían el pesaje de los peleadores y sancionaban las peleas en la “Arena Mexico” y “Coliseo”, ambas catedrales de este deporte; otros palacios del boxeo en el extranjero fueron: the Olympic Auditórium de Los Ángeles y el fabuloso Fórum de Inglewood donde el griego George Parnassus se convirtió en el extraordinario casamentero con épicas peleas donde siempre tenía a un mexicano como esteta. Quien se encumbró hasta dirigir la rectoría del box,  fue el Lic. José Sulaimán, que dirige el Consejo Mundial de Box.

Otros protagonistas de boxeo fueron los cronistas: en la Unión Americana el gran Eloy “Buck” Canel; en nuestro país Don Antonio Andere y Jorge “Sony” Alarcón, quienes todos los sábados narraban en una forma muy particular las peleas por televisión, le dieron a las crónicas un estilo único; en la prensa escrita el experto, Don Antonio Hernández con su columna Ring Side; otros personajes que no se pueden soslayar son los réferis; el Arq. Octavio Meyrán, Ramón Berumen, Gelasio Pérez y Ernesto Magaña, quienes fueron muy profesionales y se distinguieron por sus intervenciones muy humanas y oportunas para proteger a los boxeadores.  

En medio de toda esta constelación de astros brilló un boxeador pozarricense, él es, Luis  Madrid Ortega, a quien conocemos como “El Frijol Madrid”, un púgil de cuerpo magro que lo mantuvo sin problema en el peso ligero, de guardia izquierda, poseedor de una pegada contundente. Desde niño practicó el boxeo en el improvisado gimnasio bajo de las gradas de la Cancha Bermúdez, pues su casa estaba en frente, en el Callejón Merino. Lo inició Fernando García, que se convirtió en su primer manager, quien lo debutó contra el “Pájaro” González en Álamo, allá ganó por knockout en dos asaltos; después de debutar con sendos triunfos emigró a Tamaulipas, allá se convirtió en ídolo junto a su amigo y compadre, Aurelio Muñiz, otro púgil de muy buena calidad, fue conocido en el medio boxístico como “El Diamante Tamaulipeco”. 

A Ciudad Mante, Tamaulipas, llegó como peleador emergente; primero conquistó aquel estado norteño, después incursionó en los Estados Unidos donde impuso su tremenda pegada y acarició un record sorprendente. Retornó a Poza Rica como boxeador consolidado y de aquí llegó a las Arenas Coliseo y Mexico, lugar donde  pasó escrutinio frente a los versados; allí, “El Frijol” ganó, convenció y se consagró como los grandes. Un tiempo residió en el Distrito Federal, allí, perteneció a la escuadra de Don Adolfo Pérez, entrenador en ese momento de Vicente Zaldívar, el excelso “Zurdo de Oro”, campeón mundial de peso pluma quien comentó, “este joven tiene grandes cualidades y una pegada temerosa”, el campeón le auguro éxito, ya que Adolfo “El Negro” Pérez le enseñó el arte del boxeo, a caminar sobre el ring y el oficio de la defensa, un trípode básico que lo convirtió en un peleador de golpes certeros y fulminantes.        

Imponiendo su estilo, su pasmosa rapidez, su buen boxeo, y la evidencia de su fuerte pegada, aptitud notoria al conseguir victorias ante peleadores nunca antes noqueados, desde aquel momento el temor por pelear contra él fue muy grande, sus contrincantes  de profesión llegaron a pedir bolsas más grandes de las que el propio “Frijol Madrid” cobraba; cuando estaba sobre el ring, acechaba el momento para colocar sus pesados golpes y al llegar éste nunca lo desperdició; este fue el caso en el Auditorio Municipal de San Antonio, Texas, Estados Unidos, cuando enfrentó a Alton Colter, a quien ganó por puntos, pero le propinó una golpiza que el negrito no sabía si era piedra o palo lo que recibía, terminó con la cara amorfa que ni sus familiares lo reconocieron, en el último round buscaba afanosamente la puerta y salir huyendo a pedir asilo a su embajada, ¡había pagado caro su osadía¡   

Luis “Frijol” Madrid orgulloso púgil pozarricense.

Con la fama de boxeador de puños acerados “El Frijol” Madrid se enfrentó el 7 de Febrero de 1964 a Rafael Herrera en la Arena CTM, de Poza Rica, quien subió de categoría; el finiquito se dio en el 5° round cuando prendió con potente izquierdazo la quijada del ex campeón mundial, quien cayó para la cuenta final sin saber qué había pasado y, dejando caliente el encordado para la pelea estelar entre el ídolo local  Fermín “El Gallego” Gómez y Fillo Morales a quien ganó el esteta papanteco. 

Una pelea culminante en la carrera de “El Frijol” Madrid fue contra el filipino Bert Nabalatan, en Honolulu; en aquella épica pelea Bert estaba calificado como el quinto pluma del mundo; el correoso boxeador mexicano le propinó una felpa a su oponente que a cada golpe del “Frijol” el público se ponía de pie y vitoreaba al mexicano que de esta manera lo arropaban por su pundonor. Nadie se explica cómo terminó parado el oriental; nuestro compatriota impuso sus condiciones al adversario filipino en la mayor parte del combate, él no quería dejar la decisión a los jueces, por eso buscó con ansiedad el knockout, pero su oponente tenía quijada de piedra. Al final vino el desencanto, dos jueces dieron ganador a Bert y el tercero vio ganar al “Frijol” Madrid, quien se conformo con el aplauso del público mientras abuchearon ruidosamente a Bert. Como sabia recompensa, el promotor contrató al “Frijolito” para otra pelea.

Tres meses después en Matamoros aplicó un fulminante knockout  a Juan Garza, a quien derribó en el 2do episodio y lo siguió tundiendo hasta que lo tumbó para la cuenta fatídica cuando restaban 53 segundos para terminar el tercer round; más tarde retornó a Poza Rica, Héctor Maldonado, un petrolero del Departamento de Dibujo fue el promotor, lo enfrentó en la Cancha Bermúdez a Jacobo Flores, otro púgil duro y aguantador; la disputa se fue a la cuenta completa. “El Frijol” peleó todo el match bañado en sangre por sus heridas, ante la algarabía del público que se ponía de pie súbitamente cuando el púgil local asestaba un impacto fuerte, una y otra vez la gente respondía como si tuviera resorte tras los impactos del local. “El Frijol” mostró su poder y ambos se dieron a llenar ante la bulla del público, que disfrutó de una justa decisión a favor de Luis “El Frijol” Madrid.

Luis Madrid, Aurelio Muñiz, Raúl Rojas, Vicente Saldivar y Adolfo Pérez 1970.

Después de estas heroicas batallas y recorrer lona por la Unión Americana y el país, Luis “El Frijol” Madrid fue clasificado en el rankin mundial. Un buen día apareció clasificado como sexto peso ligero del orbe; se enfrentó a boxeadores de gran calado, pero el campeón lo eludía con cierta elegancia, no quería enfrentar a un crucigrama con punch de guardia zurda; mientras llegaba la ocasión grande se enfrentó en San Antonio, Texas, a Alton Cotler clasificado mundial con quien perdió una decisión dividida, el moreno nunca se plantó, tuvo piernas para entrar pegar y salir con lo que acumuló los puntos que vieron los jueces, en aquel lejano año de 1970.

El tiempo seguía corriendo y el frijol empezó a ganar mejores bolsas, tuvo peleas en Houston, Ciudad Juárez, Chihuahua, Veracruz, Philadelphia, Pennsylvania Ciudad Delicias y otros lugares; en algunos lugares lo llevaron como calador de algunos prospectos y los puso totalmente horizontal para la cuenta final.

Su actividad fue en decadencia, en parte por que le sacaban vuelta por miedo y otras por que de pronto le cayó la apatía por entrenar. En 1973 tuvo ocho peleas, en el año siguiente tres y de las cuales perdió las dos últimas, una con Carlos Mendoza en Matamoros y la otra con el estadounidense Tyrone Everett en Philadelphia: En el año de 1975 no peleó la inactividad lo hizo subir de peso y llegó a peso welter con casi 147 libras.

Después de retornar al gimnasio, entrenar y tirar golpes contra el costal y la pera loca, “El Frijol” Madrid quiso retornar en grande, ya rondaba los treinta años y los últimos doce en el boxeo; fue programado contra otro estadounidense, el peso welter Ernesto Davis, quien iba invicto en 11 peleas con seis knockout, ambos dieron una estrujante pelea que mantuvo a los aficionados al filo de su asiento, Luis dio una batalla titánica, sacó su pundonor y puso a flote toda su sapiencia de los años de brega boxística, empezó elegante y certero pero su oponente imponía la fortaleza de su juventud, en los últimos dos rounds la pelea se torno sangrienta, nadie quería dar un paso atrás y pusieron en aprietos a los jueces, quienes al final vieron ganar por decisión dividida al norteamericano.

En el vestidor “El Frijol” Madrid tomó con mesura el resultado, no protestó, aceptó la decisión y comprobó que ya era suficiente en esta tarea; se refugió en su urbe adoptiva, Ciudad Mante, Tamaulipas, allí meditó y tuvo un retiro discreto, no lo anunció, sólo dejó de pelear, después regresó a Poza Rica, su ciudad natal, donde era querido por la afición; dejó su record oficial en 45 choques, de los cuales ganó 34 peleas, 28 de ellas por Ko, Perdió 11, cinco por Ko. En total batalló 229 rounds y tuvo un porcentaje de 62 por ciento de knockout; es obvio que ese record nada tiene que ver con la realidad. “El Frijol” peleó mas de cien peleas, los inhumanos manejadores lo pusieron a pelear hasta cuatro peleas en un mes; su tesoro, el punch le permitió ganar en el primer round varios mach y lo encartelaban a la semana siguiente, peleas en las que ni se despeinó, eso le permitió andar por el estado de Tamaulipas tumbando oponentes al por mayor.         

Mientras saboreábamos un esquisto café en mi sala de estudio y en la intimidad de nuestra platica le pregunté, ¿hay rencor en el momento culmínate de una pelea y se golpea con saña?, No, refutó, se golpea con sed de triunfo, mira, cuando tenía enfrente a contrincantes con valor estoico, esos que parecen ser de piedra, y son además muy valientes, esos que nunca dan un paso atrás, con la mirada le pedía a los réferis que detuvieran la contienda, pues no tenia caso lastimar a nadie, esto es un trabajo y todos tenemos derecho a él, no se puede frenar a nadie; esto dejó claro que la piedad siempre estuvo por encima de la enjundia del “Frijol Madrid” actitud muy loable y por ende admirable.

El explosivo púgil pozarricense tocó la altura de la gloria, nunca tuvo temor a enfrentar a un púgil de fama encumbrada, nunca se ensañó contra sus oponentes, únicamente solazaba al público que por eso paga, por eso primero palpaba a sus adversarios y después los zarandeaba a base de puños, lanzando sus cañonazo en busca de la victoria, la que disfrutó mucho, pues para eso se preparó, por eso llenó su palmarés de espectaculares nocauts. Fue adicto a la sangre, la dinamita aguda y la adrenalina, se dio a llenar ante la algarabía del público que siempre lo vitoreo, lo que para él fue una magnifica recompensa. Por eso es reconocido por los entendidos de este deporte, que ha sido el mejor boxeador kilo por kilo que ha nacido en Poza Rica, por lo que tiene todo para un magno homenajes, que en vida se le debe dar.

Por ALF