El arte de guerra mexica abarca los aspectos más importantes de cualquier ejército que se respete. Si bien no contaban con un alto grado de desarrollo en cuanto a armamento y tácticas ofensivas, supieron suplir éstas deficiencias con un gran adiestramiento de sus tropas en batallas cuerpo a cuerpo.

Su motivación, era, como te hemos contado en otros artículos, su hambre de poder y su necesidad de satisfacer a sus dioses, quienes les habían encomendado la tarea de conquistar el mundo, por ello crearon jerarquías militares bien definidas a las cuales se accedía a través de los méritos en el campo de batalla y si tomamos en cuenta que desde pequeños se les educaba para servir en la guerra y le sumamos que su lema era «es un honor morir a filo de obsidiana» eso nos da como resultado una clase de guerreros desprovistos de miedo y con aspiraciones muy elevadas como guerreros. He aquí un ejemplo:

“El capitán mexica Tzilacatzin Tzilacatzin gran capitán, muy macho, llega luego. Trae consigo bien sostenidas tres piedras: tres grandes piedras, redondas, piedras con que se hacen muros o sea piedras de blanca roca. Una en la mano la lleva, las otras dos en sus escudos. Luego con ellas ataca, las lanza a los españoles: ellos iban en el agua, estaban dentro del agua y luego se repliegan. Y este Tzilacatzin era de grado otomí…”.

La visión de los vencidos

Las fuerzas armadas estaban compuestas de un gran número de tropas y rangos, guerreros de diferentes capacidades y características, pero hoy te hablaremos de uno en especial, los cuacchiqueh, los guerreros rapados de la elite mexica.

Los guerreros rapados cuacchiqueh era el más prestigioso soldado del ejército mexica. Se caracterizaban por rapar sus cabezas, excepto por una larga trenza sobre la oreja izquierda. Pintaban su rostro y cabeza de dos colores, mitad azul y mitad de rojo o amarillo.

Servían como tropas de choque, participando en tareas especiales y prestando asistencia en el campo de batalla cuando era necesario. Se requería haber capturado más de 6 enemigos y haber logrado docenas de otras hazañas para alcanzar este rango.

Tal era su fiereza y su competitividad entre ellos que rechazaban capitanías en el ejército para seguir siendo combatientes activos en el campo de batalla pues una vez siendo cuacchiqueh el honor vendría con la muerte después de ser el más efectivo soldado.

Eran reconocibles por su tlahuitzli amarillo, que es una prenda decorativa que indica el rango. Al alcanzar el guerrero este nivel, este juraba no dar un paso atrás durante la batalla; esto bajo la advertencia de que en caso de faltar a su juramento habría de experimentar la muerte a manos de sus compañeros.

TÚÚL

Por ALF