Sin rodeos y casi “poniéndole nombre al niño”, el embajador de Panamá en México, Abraham Martínez Montilla, soltó una bomba diplomática al afirmar que en Veracruz “se ejerce un sistema viciado de poder”. Una declaración que, viniendo de un representante extranjero, no deja de ser polémica y provoca más preguntas que respuestas.
Porque si hay un “sistema viciado de poder”, como lo afirma el diplomático panameño, ¿quién lo encabeza? ¿Es la gobernadora Rocío Nahle, quien recientemente asumió el cargo y que ha prometido una transformación en el estado?
Lo curioso es que el embajador no se tocó el corazón para criticar, pero olvidó mencionar que su propio país, Panamá, ha estado envuelto en escándalos internacionales de corrupción y evasión fiscal, como el famoso caso de los “Panama Papers”, donde cientos de empresas y fortunas encontraron refugio en su sistema financiero.
A pesar del ruido político, hubo también un gesto diplomático interesante: el alcalde electo de Poza Rica, Emilio Olvera, se reunió con el embajador panameño. En esa charla, se habló de posibles intercambios culturales, artísticos y hasta de inversión.
Una señal positiva… siempre y cuando no termine en la misma carpeta de anuncios olvidados donde quedaron aquellas fantasiosas promesas de inversiones japonesas, españolas y taiwanesas que exalcaldes repitieron como mantra, sin que jamás aterrizara un solo dólar, euro o yen.
Y es que, a estas alturas del partido, Poza Rica no necesita discursos ni promesas internacionales… necesita hechos. La ciudad arrastra un rezago social de más de dos décadas, y no porque falten ideas, sino porque los problemas reales nunca se han querido enfrentar de fondo.
Antes de pensar en intercambios culturales con Panamá o en atraer inversiones, el nuevo gobierno local tiene una agenda urgente y básica, es decir, mejorar servicios públicos, renovar la infraestructura urbana, garantizar la seguridad, asegurar el abasto de agua, sanear el río Cazones y los arroyos, y construir al menos una planta de tratamiento de aguas residuales.
Hoy, Poza Rica no cuenta ni siquiera con eso. Así que bienvenida la diplomacia, los convenios y la buena voluntad internacional, pero que no se nos olvide: ningún país va a invertir donde no hay servicios, ni garantías, ni visión de futuro. El verdadero reto está aquí, en casa.
