En Poza Rica, el discurso del “cambio verdadero” suena cada trienio como si fuera nuevo, fresco, revolucionario. Pero la realidad, esa que se vive en las calles sucias, los servicios ineficientes y las oficinas llenas de “asesores”, cuenta otra historia. Y no es ficción, parece ser el mismo guion de siempre con diferentes actores, todos cobrando del mismo presupuesto.
Una vez que entre el próximo gobierno municipal, si de verdad pretende cambiar algo, lo primero que deberá revisar —sin excusas, sin simulaciones— es la abultada nómina de trabajadores de confianza y las plazas sindicales heredadas, que se han ido acumulando administración tras administración en acuerdos turbios entre alcaldes y líderes sindicales.
No se trata de suposiciones. Es un hecho que casi el 50 por ciento del presupuesto anual se va en sueldos, y eso en una ciudad donde la pobreza crece, el empleo formal escasea y los servicios públicos están por los suelos.
La ironía es brutal, es decir, mientras los ciudadanos enfrentan carencias reales, una bola de aviadores y burócratas fantasma siguen cobrando puntualmente sin trabajar: algunos llevan casi cuatro años de “vacaciones pagadas”, mientras otros ni siquiera conocen el área que supuestamente coordinan.
La ciudad está hecha un desastre, pero las oficinas municipales están llenas de gente que no sabe ni para qué fue contratada. Y no se trata de los flamantes asesores como Alejandro Moreno Leal, solo por citar alguno; esos que no asesoran nada, solo están ahí para cumplir cuotas políticas, servir café o actuar como “damas de compañía” del poder en turno.
No se trata de estar en contra del empleo. Al contrario, Poza Rica necesita trabajo real, no simulación burocrática.
Pero el gobierno municipal no puede seguir funcionando como agencia de colocaciones para los amigos del alcalde o botín de campaña para pagar favores. La gente está cansada de mantener una nómina inútil con sus impuestos, mientras los problemas de la ciudad siguen sin resolverse.
El nuevo gobierno tiene una oportunidad y una obligación de demostrar que no es más de lo mismo. Urge una reingeniería administrativa de fondo, que desaparezca direcciones inútiles, recorte a asesores decorativos y elimine plazas fantasma.
No se necesita más simulación, solo se necesita voluntad política. El próximo alcalde no podrá decir que no sabía, pues lo sabe todo el mundo. Si no actúa, será cómplice del mismo sistema que ha convertido Poza Rica en un municipio estancado, saqueado y burlado. Aquí veremos si de verdad habrá cambio… o si, una vez más, todo quedará en pura demagogia política.
