La falsa retirada es una de las tácticas más exitosas empleadas en el campo de batalla. Probablemente es socorrida porque su principio es sencillo: engañar al oponente haciéndole creer que ha quebrantado decisivamente a nuestras fuerzas y atraerlo para generar desorden en las suyas, o a un terreno donde la situación puede tornarse a nuestro favor de manera definitiva.

Pero sólo es sencillo el fundamento, en realidad requiere una fuerte cohesión entre las tropas para que el desorden de la retirada sea creíble, pero no se torne real, así como para poder reaccionar a tiempo cuando el adversario ha caído en la trampa. “Se necesita mucho valor para aparentar miedo, y mucha disciplina para aparentar el caos”

En todo el mundo se ha empleado con éxito, casos célebres son el de la batalla de Austerlitz donde Napoleón permitió a su adversario ocupar el terreno alto, provocarlo para obligarlo a abandonarlo y después destruirlo con toda su potencia; la de Kalka, donde el general mongol Subotai separó a la caballería rusa del resto de su ejército para poder rodearla y aniquilarla. No siempre se finge una retirada caótica a toda velocidad, en la batalla de Pidna las legiones del cónsul Lucio Emilio Paulo retrocedieron paso a paso para que la falange macedónica, una pesada y lenta formación de infantería entrara sin sospecharlo en terreno escabroso donde su cohesión se perdería, y los legionarios podrían despedazarla: esto no habría funcionado si los legionarios se hubieran alejado a toda velocidad, pues la pesada falange no habría salido en su persecución.

En la América prehispánica existen diferentes ejemplos que ya hemos tratado: en el caso mexica el tlatoani Moctezuma Ilhuicamina, para doblegar a los feroces guerreros huastecos hizo que sus tropas se fingieran derrotadas para sorprenderlos con otras que supuestamente habían vuelto a Tenochtitlan. Táctica que repitió su nieto Axayacatl para derrotar a las fuerzas de la ciudad oaxaqueña de Tehuantepec. Mucho más al sur, la táctica le sirvió al inca Huayna Cápac para que los belicosos caranques abandonaran su fortaleza para perseguirle, mientras su hijo Atahualpa tomaba la posición con facilidad y le prendía fuego para inutilizarla. Una vez hecho esto Atahualpa avanzó para caer sobre la retaguardia de los caranques para aplastarlos junto con Huayna Cápac.

De lo anterior puede concluirse que la falsa retirada es una táctica que requiere de precisión del comandante para saber en qué momento el adversario ha de caer en la trampa, de disciplina en las tropas que la ejecutan, de habilidad de sus oficiales para mantener la cohesión de sus unidades; pero cuando el ejército tiene las capacidades necesarias para llevarla a cabo, se convierte en una trampa mortal.

Por ALF