Yatrogenia: Por Doc Kiskesabe
Dr. Ignacio Espinosa. Médico Internista. Tel. 782 888 0056.
“El que estudia medicina sin libros navega en un mar desconocido, pero el que estudia medicina sin pacientes no va a navegar en absoluto”.
Osler, médico internista de la vieja guardia, vigente en esta cibernética y robotizada era.
Con frecuencia observo pacientes al borde del suicidio, después de que les han solicitado estudio de ultrasonido abdominal ante cualquier tipo de molestia en esa región. En la gran mayoría de los estudios de ultrasonido reportan la presencia de “hígado graso”, a personas sin ningún síntoma clínico o de laboratorio de daño hepático. Lo extraordinario es que esos pacientes entran en crisis existencial porque les han dado a entender que el hígado graso es sinónimo de cirrosis o cáncer de hígado. Nada más lejos de la realidad.
Estos pacientes me comprometen a revalorar mi experiencia personal y a supervisar mis conocimientos teóricos al respecto, por lo que constantemente reviso en la red cibernética la variada información que existe y enfatizo en revisar la información controvertida que existe de tal o cual tema de medicina y me quedo y comunico la que me parece más razonable para beneficio de solicitando mi apoyo profesional y a mis dos lectores y medio de esta columna.
Historia del hígado graso:
Reporte en la red. En medicina se habla formalmente de hígado graso desde 1836. Estudié en la escuela de medicina teórica de 1964 al 68, no se mencionaba al hígado graso como enfermedad, en ese lapso la comunicación y difusión de conocimientos era muy limitada.
Cronología histórica del concepto:
En 1836: Thomas Addison acuñó el término «hígado graso» al observar alteraciones en pacientes con consumo excesivo de alcohol.
En 1838: El patólogo austriaco Carl von Rokitansky documentó la acumulación de grasa en las células del hígado mediante autopsias y sugirió su relación con la cirrosis. Durante el mencionado periodo de mi escolaridad médica (64 a 68) ni en la clase de patología nos mencionaron el hígado graso como enfermedad y recuerdo que el Dr. Ibarra era un médico patólogo de lo mejor en Veracruz y México.
En 1980: El doctor Jürgen Ludwig acuñó el término NASH (esteatohepatitis no alcohólica) para identificar daños hepáticos similares a los del alcohol en personas que no bebían.
Desde 1969 en que empecé a ejercer la medicina, a todos los obesos les encontré el hígado graso simplemente con mis dedos.
En 1986: Los investigadores introdujeron formalmente el concepto de NAFLD (enfermedad por hígado graso no alcohólico).
2023: Un consenso internacional actualizado renombró la afección como MASLD (enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica) para reflejar mejor su causa metabólica. Presumen de haber descubierto el hilo negro.
Descubrir el hilo negro es una expresión popular que significa presentar como una gran novedad o un descubrimiento algo que en realidad es muy conocido, obvio o trivial.
Es decir, de 1986 a la fecha, con el auge del ultrasonido, la tomografía y toda la parafernalia técnica actual, se “decretó por los expertos que el hígado graso es una enfermedad, pero que no da síntoma alguno y por laboratorio no hay alteración del funcionamiento hepático y no hay tratamiento específico y que la causa es la obesidad, el alcoholismo intenso y la diabetes descontrolada”. Con base en esta definición teórica de los expertos, expreso en relación a mi experiencia personal que si la presencia de grasa en el hígado no provoca ningún síntoma clínico ni por laboratorio y no hay tratamiento específico y conociendo las tres causas mencionadas, por lógica Aristotélica, mi conclusión es que solo se trata de un signo, pero no de una enfermedad como tal. Por deducción, el hígado graso se corrige tratando las causas.
¡Ah, pero qué difícil es eliminar el miedo engendrado por una información, para mí, exagerada!, por lo siguiente:
Datos clave sobre el daño hepático por alcohol
Cerca del 90% o más de los grandes bebedores desarrollan hígado graso (esteatosis), y entre un 10% y un 35% presentan hepatitis alcohólica. Pero no todos los bebedores empedernidos llegan a la cirrosis, así, el riesgo aumenta de manera directa con la cantidad y los años de consumo.
Finalmente, los expertos afirman que la cirrosis secundaria a la esteatosis hepática (hígado graso) por alcoholismo intenso fluctúa entre un 7 y 16%. En otras palabras, si a alguien le dicen que tiene hígado graso pro alcoholismo, yo no veo por qué alarmarse ya que hay un 90% de que NO padecerá de cirrosis hepática.
https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-93082004000200003
Por otra parte, del total de pacientes diagnosticados con hígado graso no alcohólico, se estima que un 3 al 5% llega a desarrollar cirrosis con el paso de los años. En otras palabras, hay 94% de posibilidades de morirse por otras causas, pero no por el hígado graso.
Ni duda, la información que proporcionan los médicos directamente con el enfermo y por los medios masivos de difusión: prensa, radio, televisión y redes sociales, es por demás tendenciosa violando la ética esencial en la comunicación que debe ser: veraz objetiva e imparcial.
Por todo lo anterior y muchas cosas más, después de leer que el alcohol y el hígado graso tienen una mínima amenaza, pues he decidido dejar de leer. Allá usted, sufrido y aterrorizado lector, tome la decisión que más convenga a sus intereses.
