TAQUICARDIA
POR: FABIÁN MARTÍNEZ
Cuentan las malas lenguas que por fin una buena noticia para la Policía Municipal de Poza Rica, es decir, habrá mejores salarios. Y vaya que ya hacía falta, porque si algo ha quedado claro durante los últimos años es que una corporación policial no puede pretender dar resultados de primer mundo con prácticas, controles y condiciones laborales que muchas veces parecen sacadas de un manual de “cómo hacer todo al revés”.
Si mal no recuerdo, la flamante Policía Municipal nació hace casi una década, durante el gobierno de Javier Velázquez Vallejo, con la promesa de convertirse en una herramienta para mejorar la seguridad de los pozarricenses. La idea, en el papel, sonaba estupenda.
El problema, como suele suceder en la política, es que entre el papel y la realidad hay un pequeño detalle llamado resultados. Porque dinero sí se le ha metido. Millones, para ser precisos. Lo que durante años no siempre quedó igual de claro fue si esa inversión se tradujo en una reducción contundente de la delincuencia o en una Policía capaz de recuperar la confianza de la ciudadanía.
Y ahora aparece una nueva administración municipal diciendo que las cosas serán diferentes. Que habrá mejores salarios, pero también mayores exigencias. Y aquí viene lo interesante, todos los elementos deberán pasar los exámenes de control y confianza.
Parece obvio, pero en Poza Rica lo obvio aparentemente necesitaba una administración nueva para convertirse en política pública. Porque durante las dos administraciones municipales anteriores, según los propios señalamientos que han circulado durante años, hubo mandos que no precisamente se distinguieron por ser alumnos destacados en materia de control y confianza.
Y si los jefes no podían pasar la prueba, imagínense la confianza que podía tener el ciudadano en que las cosas marchaban viento en popa. También hay que reconocer que parece haberse reducido aquella colección de quejas relacionadas con abusos, prepotencia y malos tratos atribuidos a algunos elementos.
Y ni qué decir de las historias que durante el gobierno de Fernando “El Pulpo” Remes circularon alrededor del departamento jurídico de la corporación. Historias que, de ser ciertas, demostrarían que algunos entendían la impartición de justicia como si fuera ventanilla de trámite y que a muchos les costos miles de pesos no ser consignados ante las instancias judiciales, que era la amenaza que recibían.
Que haya mejores salarios es positivo. Que exista equipamiento adecuado, también. Que se profesionalice a los elementos, indispensable. Que pasen control y confianza, obligatorio. Pero todo eso debería reflejarse en una palabra que los ciudadanos llevan años esperando y que resulta ser, seguridad.
Porque de nada sirve tener patrullas nuevas, uniformes impecables y policías mejor pagados si el ciudadano sigue sintiendo que está solo cuando enfrenta un problema de inseguridad.
Y aquí estará la verdadera prueba para la actual administración, los resultados en las calles.
Apenas han transcurrido nueve meses de gobierno y todavía hay tiempo suficiente para demostrar que esta vez sí se pretende construir una corporación seria, profesional y confiable. Pero también hay tiempo para comprobar si estamos ante un verdadero cambio o simplemente ante otra temporada de buenas intenciones, discursos y fotografías entregando uniformes.
La Policía Municipal necesita buenos salarios, sí. Pero también necesita elementos preparados, honestos, certificados y comprometidos con la ciudadanía. Necesita mandos que den el ejemplo y no que conviertan la corporación en una agencia de colocaciones políticas.
