Pequeños negocios han optado por operar desde domicilios particulares y bajo contacto único en redes sociales, con el fin de evadir al Servicio de Administración Tributaria (SAT), así como a inspectores de comercio municipal, que acechan a nuevas microempresas.
También este llamado clandestinaje comercial ha servido para evitar la delincuencia, ya que muchos comercios eran víctimas de extorsionadores, por lo que ahora no se observan razones sociales a la vista, ni mucho menos un contacto directo.
