Admirable exterminador del boxeo mexicano oriundo de Gabino Barreda municipio de Cosamaloapan, Veracruz, Sixto Castillo llegó a Poza Rica en 1968, teniendo alojo con su prima Irma Carlín Sosa, familia de su mamá, el fin era dejar atrás las duras jornadas en el corte de caña. Aquí encontró trabajo en las compañías que trabajaban para Petróleos Mexicanos en aquel tiempo. Su afición al box nació solo por la curiosidad viendo entrenar a: Fermín “Gallego” Gomez, Silvano Estopier Hidalgo y Luis Madrid Ortega “El Frijol” en la añorada cancha Bermúdez y, lejos se estaba de pensar que sería un colosal jabato del boxeo mexicano, al que legó un inmenso palmares.
Sixto Castillo Carmona es el tercero de seis hermanos, todos nacieron en Gabino Barreda municipio de Cosamaloapan, Veracruz. Es hijo de la Sra. Reina Carmona Carlín, que fue originaria del municipio de Tierra Blanca, Veracruz y Don Atanasio Castillo Viveros, quien se dedicaba al empleo ancestral de su familia, macheteros en el corte de caña de azúcar, tarea a la que se dedicaba su abuelo Sixto Castillo Salomón, y que heredó Anastasio juntó con una fracción de parcela. Sixto nació el 25 de septiembre de 1950, donde tuvo los estudios de niñez. Sus hermanos son Maria Luisa, Marie Elena, Roxana, Maria Concepción y Carlos
En abril de 1968 llegó a Poza Rica a trabajar como obrero general en la Comisión de contratos y compañías que trabajaron para la GPC de Petrolees Mexicanos, las primeras fuero: Cimsa, Industrial Falcón y posteriormente la Comisión Federal de Electricidad, siempre salía a las cinco de la tarde y de regreso a su casa, pasaba por la cancha Bermúdez, en donde baja de las gradas que lindaban con la barda del campo Merino, entrenaban boxeadores, que le llamaba mucho la atención y lo convirtió en aficionado por varios meses, siendo Silvano Estopier el único con el que entablaba platica.
Cuando habían pasado meses y la cancha había sido demolida inclementemente, una de esas tardes en el perímetro del nuevo ring instalado en el salón de la CTM, Estopier invitó a Sixto a entrenar, diciéndole que llevara sus tenis y pantalón corto, este presto, al día siguiente ya estaba en el improvisado gimnasio, donde empezó a emular a Fermín “Gallego” Gomez, que era el único que había visto pelear en su tierra natal por televisión, el manager que lo tomó fue Fili Santiago, que lo llevó a Tulancingo a dos pelea, las que ganó por nocaut, pero disoció con Fili, y buscó a Porfirio Aguilar Balderas, y este gustoso lo reclutó a su cuadra de boxeadores.
Su primera pelea fue contra Pánfilo Betancur el 2 de Julio de 1971 a seis round en la división pluma, Sixto pesó en esa fecha cincuenta y cinco kilos, lo que semeja a Súper Gallo en la actualidad, en su debut ganó en el último raund por nocaut, riña en la que Sixto tomó desquite de una pelea anterior semanas antes en el ring del Salón Carta Blanca de Poza Rica, en la que entró de emergente sin la preparación necesaria, por la asfixiante sed de pelear, riña pactada cuando aún no existía la comisión de Box en Poza Rica, lo que era comúnmente con peleadores desnutrido y escuálido con el inminente riesgo de un desaguisado deportivo.
Su siguiente pelea fue en contra del Ratón García el 3 de agosto de 1971, a seis rounds, y al que despachó en el primer, done ganó la exorbitante cantidad de cien pesos, ¡Sin duda factura y trato de novato!. Porfirio le pactó la siguiente riña para el 15 de octubre de 71 en el ring de la CTM de Poza Rica, fue contra el pelador de Entabladero, Municipio de Espinal, Veracruz, Eloy Vargas, Sixto Castillo noqueo en el tercero, época en que su apodo era “El Zurdo”, por su guardia izquierda.
Su siguiente pela fue en la arena CTM de Poza Rica, el 15 de octubre de 1971 en contra Eloy Vargas Pelcastre, la que liquidó en el segundo episodio. Esta vez la prensa local no soslayó su estilo de pelear y vaticinó un nuevo ídolo local, además de su fuerte pegada, ser echado para adelante por sistema, gozaba fajarse todo el tiempo, sabia bloquear los golpes con sus codos, brazos y guantes, así nulificaba los golpes de sus oponentes, que lo reveló como un boxeador nítido, sencillo y transparente, ganó empatía y afición rápido, como también rápido logró un lugar boxístico. Para aquella pelea, la señorita Velia Segura Bolaños le regaló una bata para boxeo color verde y ribetes amarillos, pero la señora Andrea Bolaños, mamá de Velia le puso con letras de tela el apodo de “Torbellino” mote que tenía doña Andrea de niña, convirtiéndose en su madrina del alias, al que le haría el honor.
El promotor pozarricense de la improvisada arena de la CTM, atesoró su potencial y el próximo rival lo trajo de Tampico, pactó una pelea contra Vicente Rosales, un peleador con experiencia y de ranking el 11 noviembre de 1971, al que “El Zurdo” Castillo lo noqueo en el primer round con el regocijo del público. Otro peleador de calidad llegó a desafiarlo el día 3 de diciembre de 1971, era Fernando Lugo, al que también ganó con su arrollador estilo y efectiva pegada, ratificándose un boxeador excitante, pues solo resistió seis rounds. En las semanas siguientes, añadió a su lista otros nocaut: A Fernando Meza lo liquidó en seis rounds, Roberto Marroquín y a Leoncio Valdez en el cuarto, por último, en el tercero José Luis Osorio.
Un momento singular para la prospera carrera del Torbellino Castillo fue el 25 de febrero de 1972, fue contratado para pelear en Tulancingo, Hidalgo, en contra del ídolo local, Fortino García, fue su debut a diez rounds, y lo esperado era saber si con un peleador de mayor calado y en la altura del altiplano, conservaría su ritmo de pelea, pero sorprendió a todos al noquear en el quinto asalto con su estilo de torbellino. De ahí regresó a Poza Rica a reñir vs: Alejandro Osorio, Miguel Macías, Luis Loya, Chino Santiago, Chamaco Hernández, Chuy Miranda, Baltazar García, Esteban Valdez, Carmen San Román y Arturo Velázquez durante finales de 1972 y parte de 1973, noqueándolos antes del sexto raund, excepto a Loya.
La vida solitaria para Sixto fue una sombra, solo tenía a sus primos Irma y Miguel Ángel Cardina Sosa, este último su mejor amigo y excelente trovador, con quienes compartió el techo en la colonia Obrera, hasta 1973, en pasó a ser un distinguido vecino de la colona PetroMex, que desde entonces idolatraron de forma inmediata, siendo un orgullo para ese histórico terruño lleno de personajes.
En el año de 1973, Sixto “Torbellino” Castillo noqueó a varios más en fila, que le reafirmó su fama, siendo siempre un hombre sencillo, que en ninguna momento le sacó la vuelta a nadie, esto le dio linaje de que siempre estaría en la historia del boxeo. El día 25 de octubre de 1974 fue a Ciudad Madero, Tamaulipas, peleó en contra el boxeador loca, Humberto Reyes a diez rounds, pero solo ocupó dos para noquearlo y regresar triunfador, siendo aún trabajador las compañías, para él, el box era algo secundario, pero contó con el apoyo de los amigos de trabajo y jefes, que le daban oportunidad de ir a pelear si demeritar su salario.
El 12 de noviembre de 1974 tuvo una estrujante pelea en Poza Rica enfrentado al ídolo del Molinito, Estado de México, Raúl Cruz, boxeador de reconocido palmare, su contrincante cargaba un historial de primera línea, había enfrentado a: Chucho Castillo, Danny Coloradito López, Kuniaki Shibata en Japón perdiendo de forma dramática en el primer round, Ney Gordillo, Salvador Torres, Lionel Rose y Sammy Goss, lona recorrida, dijo el comentarista y locutor de box, Don Antonio Andera. Al concluir la riña, los jueces dieron una decisión de empate, durante los diez asaltos de la épica pelea, donde la gente se mantuvo de pie durante toda la batalla, la que fue, un prueba muy dura para Sixto, que mostró estar listo para mejor cosas.
Después de esa gran pela, El “Torbellino” Castillo disputó el título de peso pluma del estado de Veracruz a Leonor Yépez en Poza Rica, el 24 de enero de 1975, el que logró obtener en el sexto, al caer su rival para la cuenta de diez, entregando el cinto de campeonato a Sixto. Más tarde disputó tres peleas, dos en tierra petrolera y la tercera en Minatitlán, Veracruz, en contra de: Leny Brown, León Meza y Ángel Rivera, todas por la vía rápida con su mejor aliado, el nocaut.
Su entrenador, Porfirio Aguilar firmó su debut en la Arena Coliseo de la Delegación Cuauhtémoc, Distrito Federal en contra Carlos Saldivar, allá entrenó en el famoso Gimnasio de los “Baños Avenida”, lugar de excelentes entrenadores como: Jesús “Cuate” Pérez, quien guio la carrera del colosal ídolo, Ricardo “Pajarito” Moreno, Rafael Herrera y Julio Guerrero. Durante díez días se preparó para esta riña, la que ganó antes de la sexta campanada con un feliz debut en la pelea estelar y con la cobertura de televisión a nivel nacional.
En esta pelea, Sixto “Torbellino” Castillo tuvo comentarios muy halagadores de la prensa especializada de la capital mexicana, alabaron la buena técnica boxística tanto al ataque como en el contragolpe, defensa de catarsis, además, mostró una actitud cerebral en toda la pelea, asombró su quijada confiable, la buena condición física para aguantar la altura del Distrito Federal. Esto quedó visible en la pelea del 27 de agosto de 1975 en el mismo espacio en contra Rosalío Badillo, reyerta que perdió por descalificación, dando una feroz lucha, la que según las crónicas de la prensa, iba ganado, además juzgaron que fue mal detenida.
Sixto volvió el 8 de agosto en la pelea estelar de la Arena Coliseo ganándole en el quinto asalto a Arturo Merino, dejando la puerta abierta para la siguiente riña, en la que afrontó al destacado chiapaneco, Ney Gordillo el 24 de enero de 1975, dando ambos una de las mejores peleas que se haya visto en todo el país aquel tiempo, razón por lo que fue nombraron “La Pelea del Año”, en esta ocasión Sixto, cayó en el primer round y se levantó herido de su orgullo a seguir peleando en trepidantes cambios de golpes, en el segundo episodio, Sixto volvió a caer, pero en esta vez muy descompuesto y lastimado, reaccionó en el quinto segundo volteando a ver a Porfirio y le dijo no siguiera, miró al Dr. Horacio Ramírez, médico de la Comisión de box y le hizo señas que se quedara en la lona, pero se levantó y trenzó en fiero intercambio de golpes de todo tipo y calibre, que levantó a los aficionados de sus asientos, ritmo que siguió hasta el décimo round, pelea que tuvo como veredicto, vencedor a Ney Gordillo, al día siguiente la prensa exaltó la trepidante riña.
Durante el resto del año tuvo cuatro peleas más, hasta el 26 de enero de 1976, día en que contrajo matrimonio con la Srita. Ana Luisa Guevara Guevara, con los años tuvieron tres hijos: Sixto Geraldo, Ana Luisa y José Roberto, los tres excelentes profesionista, y tienes tres nietos Bárbara Itzel y Leonardo Josué, ambos retoños de Lura Rubí Muños López y su hijo José Roberto: su otro nieto, Geraldo Yair es producto Alma Alvarado Alvarado y Sixto Geraldo Castillo Guevara. Más Adelante, Sixto Castillo tuvo veinte peleas más hasta el 14 de agosto de 1981, día de su aparición en los cuadriláteros con excelente nivel de efectividad y calidad a los treinta y un años, tiempo en que su madures era evidente.
El destino le tenía preparado atractiva expectativa para su magna carrera, pero él los interese de los promotores del box de proteger a los campeones, lo marginó de una oportunidad de pelear por el título mundial, descaradamente los campeones lo eludían, la edad le ganó, y no quiso exponerse a un desafortunado suceso. Sixto tiene el honor de haber sido nombrado pelador del mes en el Distrito Federal, en Poza Rica fue nombrada Peleador del año y ofreció la pelea del año tanto en el Distrito Federal como en Poza Rica, ganó trofeos laudatorios, entre ellos uno del Sr. Oscar Torres Pancardo, quien siempre estimuló a los deportista. Ya retirado, vive felizmente en esta ciudad, goza del saludo de los amigos y aun admiradores, posee empatía social admirable, se conduce con su singular sencillez y ejemplar humildad. ¡Felicidades Campeón, Eres un Orgullo para Poza Rica!
