Si algo ha quedado claro en el actual H. Ayuntamiento de Poza Rica es que la expectativa ciudadana sobre el desempeño del Cabildo terminó convertida en una profunda decepción. Cuando se dice que de doce regidores difícilmente se hace uno, no es una simple frase de café, es el reflejo del desencanto de quienes esperaban representantes que defendieran los intereses de la población y no únicamente los propios.
Otro de los casos que más comentarios ha generado es el de la primera regidora de Movimiento Ciudadano, Rocío Edith González Márquez. Para muchos ciudadanos, su llegada al cargo no respondió a una trayectoria política o a un trabajo destacado con la sociedad, sino a su cercanía con quien es identificado como el dueño del partido naranja en Poza Rica, David Rivas.
Incluso, dentro del ambiente político local se comenta con insistencia que David Rivas ya no sale del Ayuntamiento, al grado de que hay quienes afirman que es él quien realmente opera la regiduría. Más allá de que esto pueda comprobarse o no, la sola percepción exhibe el desgaste político de un partido que prometió ser una alternativa y terminó generando las mismas prácticas que tanto criticó.
Lo más preocupante es que Movimiento Ciudadano prácticamente desapareció como fuerza de oposición dentro del Cabildo. Sus tres regidores han pasado inadvertidos en los debates importantes para la ciudad.
No han encabezado causas ciudadanas, no han levantado la voz frente a los problemas más sensibles de Poza Rica y, cuando finalmente fijaron postura, fue por la reducción de sus salarios, derivada de las medidas de austeridad, como fue con Carlos Barrios, otro mercenario de la política junto con David Rivas.
Fuera de ese episodio, la percepción ciudadana es que han permanecido como simples espectadores de las decisiones del Gobierno Municipal, limitándose a levantar la mano y aprobar, más que a cuestionar, fiscalizar o proponer.
En política, el silencio también comunica y, en este caso, transmite conformidad. Quienes depositaron su confianza en Movimiento Ciudadano esperaban una oposición firme, crítica y comprometida con la rendición de cuentas. Hoy, muchos consideran que los únicos beneficiados de aquella votación fueron quienes terminaron ocupando espacios de poder y sus círculos cercanos, como la familia Rivas-González.
La factura política comienza a pasarles. El respaldo ciudadano que alguna vez presumieron parece diluirse conforme aumenta la percepción de que el partido se ha desfondado en Poza Rica. Y no precisamente por ataques de sus adversarios, sino por la falta de resultados de sus propios representantes.
La ciudadanía no eligió regidores para ocupar una silla, cobrar un sueldo o convertirse en comparsa del poder. Los eligió para defender sus intereses, cuestionar cuando fuera necesario y vigilar el uso de los recursos públicos. Cuando eso no ocurre, el cargo pierde sentido y la representación se convierte en una simple simulación.
En política, el peor pecado no siempre es cometer errores, muchas veces es la irrelevancia. Y hoy, para una parte importante de la opinión pública, varios integrantes del Cabildo parecen haber optado precisamente por eso.
